La relación entre Obi-Wan Kenobi y Anakin Skywalker ha ocupado siempre un lugar de privilegio en el lore de Star Wars. El consabido vínculo entre maestro y aprendiz y la posterior traición que los convirtió en enemigos acérrimos forman ya parte de la leyenda de esta saga galáctica, por tanto cómics como el que hoy traemos a Reserva de Maná son capaces de despertar un gran interés entre la legión de fans de esta popular franquicia. 

Planeta Cómic ha lanzado un tomo recopilatorio marca de la casa en el que se recogen las cinco grapas de la miniserie Obi-Wan & Anakin, una obra firmada por tres nombres que empiezan a coger verdadero peso en el nuevo Universo Expandido de cómics de Star Wars. Y es que tanto Charles Soule al frente del guión, como la pareja Checchetto-Mossa encargada del arte de este volumen, han logrado crear un cómic muy respetuoso con ambos personajes.

Desde que les viéramos en aquel ascensor de Coruscant al inicio de El Ataque de los Clones, una de las grandes inquietudes del espectador fue conocer qué había sucedido con aquel niño de Naboo que ahora pasaba a ser un padawan adolescente con sus prodigiosas habilidades mucho más desarrolladas. Por su parte, el bueno de Obi-Wan adquiría el rol de tutor con el mayor desafío al que se había enfrentado un maestro en la historia de la orden Jedi aunque eso, claro está, todavía no lo sabía.

Y es justo en ese intervalo poco explorado que transcurre entre los episodios fílmicos I y II donde se encuadra esta historia. Maestro y padawan llegarán a Carnelion IV, un planeta sin interés en los confines de la galaxia desde el cuál se ha emitido una petición de ayuda a la orden Jedi. Tras un accidentado aterrizaje de emergencia, ambos descubrirán muy pronto la hostilidad del planeta, poblado de peligros ambientales e inmerso en una guerra civil entre dos facciones que lo habitan: los abiertos y los cerrados.

Uno de los aspectos fundamentales del guión serán unos tramos a modo de flashback que nos mostrarán los primeros contactos de Anakin con el Canciller Palpatine (incluso veremos atisbos de Darth Sidious) y como se empieza a tejer la gran telaraña que dará pie al nacimiento del legendario Vader. Pero sobre todo, tendremos al joven Skywalker lleno de dudas y con la idea incluso de abandonar el camino Jedi.

Charles Soule se ha enfrentado a la dificultad de la limitación de las cinco grapas a la hora de crear una historia de trasfondo que no consigue despertar en demasía el interés del lector, ya que no se nos explica bien el desencadenante ni se ahonda en las motivaciones de cada parte. Pero no obstante ha sabido aislar esta capa de la historia para no ocultar el gran interés de la relación de maestro y aprendiz y el foco en el personaje de Anakin. En este sentido estos flashbacks a los que hemos hecho referencia se antojan vitales para comprender mucho mejor a un personaje al que George Lucas desaprovechó en muchos momentos de la trilogía de precuelas.

Aunque el cómic tiene una recta final algo apresurada y que desluce un poco la potencia del guión en los primeros dos tercios del tomo, estamos ante otra gran historia corta de la franquicia y que tal y como sucedió luego con Lando, donde Soule repitió al frente del guión, el enorme respeto hacia los personajes ha sido la clave del éxito.

Si pocas pegas pueden sacarse al apartado del guión, diría que menos aún al artístico donde Marco Checchetto a cargo de la portada y los lápices vuelve a brillar a gran altura. Ya hablamos hace un tiempo en este mismo blog de su buen hacer con el arte de Capitana Phasma y nos toca volver a quitarnos el sombrero. Es muy complicado encontrar una viñeta donde existan trazos descuidados para los personajes que aun a escala reducida siguen siendo perfectamente reconocibles. En este sentido, tanto Obi-Wan como Anakin se alejan un poco de la recreación de los actores de las películas (no ocurre así en el caso de Palpatine que es más fiel al aspecto del actor Ian McDiarmid), pero eso le permite jugar con un nuevo diseño que siendo similar aporta frescura al dibujo.

Escenarios, máquinas o escenas de acción tienen unas líneas cuidadísimas que agradecen el pararse a observar bien cada viñeta, pero puede que tal y como me ha sucedido a mí, a algunos os chirríe un poco el aspecto de Carnelion IV que mezcla asentamientos sacados de Blade Runner con artefactos y máquinas que parecen salir de finales del siglo XIX. En cualquier caso el color del italiano Andrés Mossa vuelve a ser garantía de éxito para traernos una obra espectacular y con personalidad propia, algo que no es fácil de encontrar siempre en los productos del Universo Expandido.

Si queréis acercaros a esta obra podéis conseguir disfrutar de sus 128 páginas y la galería de portadas que incluye en su parte final por 16,95€ en la web de Planeta o en vuestra librería especializada.


Reseña: Star Wars Obi-Wan and Anakin (tomo recopilatorio)

La relación entre Obi-Wan Kenobi y Anakin Skywalker ha ocupado siempre un lugar de privilegio en el lore de Star Wars. El consabido vínculo entre maestro y aprendiz y la posterior traición que los convirtió en enemigos acérrimos forman ya parte de la leyenda de esta saga galáctica, por tanto cómics como el que hoy traemos a Reserva de Maná son capaces de despertar un gran interés entre la legión de fans de esta popular franquicia. 

Planeta Cómic ha lanzado un tomo recopilatorio marca de la casa en el que se recogen las cinco grapas de la miniserie Obi-Wan & Anakin, una obra firmada por tres nombres que empiezan a coger verdadero peso en el nuevo Universo Expandido de cómics de Star Wars. Y es que tanto Charles Soule al frente del guión, como la pareja Checchetto-Mossa encargada del arte de este volumen, han logrado crear un cómic muy respetuoso con ambos personajes.

Desde que les viéramos en aquel ascensor de Coruscant al inicio de El Ataque de los Clones, una de las grandes inquietudes del espectador fue conocer qué había sucedido con aquel niño de Naboo que ahora pasaba a ser un padawan adolescente con sus prodigiosas habilidades mucho más desarrolladas. Por su parte, el bueno de Obi-Wan adquiría el rol de tutor con el mayor desafío al que se había enfrentado un maestro en la historia de la orden Jedi aunque eso, claro está, todavía no lo sabía.

Y es justo en ese intervalo poco explorado que transcurre entre los episodios fílmicos I y II donde se encuadra esta historia. Maestro y padawan llegarán a Carnelion IV, un planeta sin interés en los confines de la galaxia desde el cuál se ha emitido una petición de ayuda a la orden Jedi. Tras un accidentado aterrizaje de emergencia, ambos descubrirán muy pronto la hostilidad del planeta, poblado de peligros ambientales e inmerso en una guerra civil entre dos facciones que lo habitan: los abiertos y los cerrados.

Uno de los aspectos fundamentales del guión serán unos tramos a modo de flashback que nos mostrarán los primeros contactos de Anakin con el Canciller Palpatine (incluso veremos atisbos de Darth Sidious) y como se empieza a tejer la gran telaraña que dará pie al nacimiento del legendario Vader. Pero sobre todo, tendremos al joven Skywalker lleno de dudas y con la idea incluso de abandonar el camino Jedi.

Charles Soule se ha enfrentado a la dificultad de la limitación de las cinco grapas a la hora de crear una historia de trasfondo que no consigue despertar en demasía el interés del lector, ya que no se nos explica bien el desencadenante ni se ahonda en las motivaciones de cada parte. Pero no obstante ha sabido aislar esta capa de la historia para no ocultar el gran interés de la relación de maestro y aprendiz y el foco en el personaje de Anakin. En este sentido estos flashbacks a los que hemos hecho referencia se antojan vitales para comprender mucho mejor a un personaje al que George Lucas desaprovechó en muchos momentos de la trilogía de precuelas.

Aunque el cómic tiene una recta final algo apresurada y que desluce un poco la potencia del guión en los primeros dos tercios del tomo, estamos ante otra gran historia corta de la franquicia y que tal y como sucedió luego con Lando, donde Soule repitió al frente del guión, el enorme respeto hacia los personajes ha sido la clave del éxito.

Si pocas pegas pueden sacarse al apartado del guión, diría que menos aún al artístico donde Marco Checchetto a cargo de la portada y los lápices vuelve a brillar a gran altura. Ya hablamos hace un tiempo en este mismo blog de su buen hacer con el arte de Capitana Phasma y nos toca volver a quitarnos el sombrero. Es muy complicado encontrar una viñeta donde existan trazos descuidados para los personajes que aun a escala reducida siguen siendo perfectamente reconocibles. En este sentido, tanto Obi-Wan como Anakin se alejan un poco de la recreación de los actores de las películas (no ocurre así en el caso de Palpatine que es más fiel al aspecto del actor Ian McDiarmid), pero eso le permite jugar con un nuevo diseño que siendo similar aporta frescura al dibujo.

Escenarios, máquinas o escenas de acción tienen unas líneas cuidadísimas que agradecen el pararse a observar bien cada viñeta, pero puede que tal y como me ha sucedido a mí, a algunos os chirríe un poco el aspecto de Carnelion IV que mezcla asentamientos sacados de Blade Runner con artefactos y máquinas que parecen salir de finales del siglo XIX. En cualquier caso el color del italiano Andrés Mossa vuelve a ser garantía de éxito para traernos una obra espectacular y con personalidad propia, algo que no es fácil de encontrar siempre en los productos del Universo Expandido.

Si queréis acercaros a esta obra podéis conseguir disfrutar de sus 128 páginas y la galería de portadas que incluye en su parte final por 16,95€ en la web de Planeta o en vuestra librería especializada.


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