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Creo que nunca fui plenamente consciente del verdadero alcance del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima hasta que visité la sala dedicada a la segunda guerra mundial  en el Museo del Ejército en Los Inválidos en París. No sabría explicar por qué, pero todo lo relacionado con la bomba, desde su proceso de creación hasta su lanzamiento final sobre tierras japonesas y las consecuencias que todavía resonarían durante muchos años, me impactó de una forma inesperada.

 

Desde aquel momento no he dejado de leer cualquier libro o artículo al respecto, así como todo documental, serie o película medianamente relacionado que cayese en mis manos. Y, por supuesto, cómics. Desde la distopía irreverente de Los Proyectos Manhattan de Jonathan Hickman y Nick Pitarra hasta la crónica más desgarradora de Keiji Nakazawa a través de su Pies descalzos: una historia de Hiroshima. Tal vez por eso no he podido evitar lanzarme con avidez sobre La Bomba en el mismo momento que ha llegado a nuestras librerías de la mano de Norma Editorial.

 

Y es que, si La Bomba no es el cómic definitivo sobre la historia de la bomba atómica, no cuál lo será. El equipo creativo capitaneado por guionista Alcante (Didier Swysen) con la colaboración de Laurent-Frédéric Bollée en la escritrua y Denis Rodier a los lápices da vida a una obra imponente en todos los sentidos. Imponente, por supuesto, por su temática. Pero también por su ambición, por su rigor e incluso por su tamaño, llegando a alcanzar las 500 páginas.

 

Con respecto al argumento… la verdad es que no hay mucho espacio para espoilers. Poco se puede decir que no sea ya de sobras conocido: la narración arranca con la figura del físico húngaro Leó Szilárd cuya reacción en cadena controlada marcaría el pistoletazo de salida de la carrera atómica entre las distintas potencias de un mundo en guerra y termina, como no podía ser de otra manera, con un pequeño epílogo tras la detonación de Little Boy sobre la ciudad de Hiroshima.

 

Todo lo que ocurre entre esos dos puntos de la historia es una disección detalladísima y bien documentada de todo lo relativo a la creación de la bomba en sus múltiples dimensiones. Por supuesto, seremos testigos de todo el proceso del Proyecto Manhattan desde el punto de vista científico-técnico bajo la batuta de Robert Oppenheimer y Leslie Groves, pero sin dejar de lado la vertiente geopolítica, económica, militar o social. Aunque tal vez la obra peque un poco de americanocentrista y muestre todo esta historia desde el prisma norteamericano, tampoco quiere olvidarse de cómo se vivieron estos años de tensión internacional y de carrera armamentística desde el punto de vista de otros países, especialmente la Unión Soviética y Alemania.

 

Alcante escoge un curioso e inesperado personaje como narrador de su historia: el uranio. Bajo su mirada implacable, pasarán algunas de las figuras más relevantes de la historia del siglo XX: además de los citados Szilárd, Oppenheimer o Groves contaremos también con la presencia de personalidades de la talla de los científicos Enrico Fermi, Werner Heisenberg o Albert Einstein; políticos como Franklin Delano Roosevelt, Winston Churchill, Adolf Hitler, Stalin o Harry S. Truman o militares como Dwight D. Eisenhower, Douglas MacArthur o Charles McVay. Todos ellos jugadores que, en mayor o menor medida, tuvieron mucho que decir en uno de los acontecimientos más importantes y sobrecogedores de nuestra historia.

 

El dibujo de Denis Rodier, en un sobrio y detallado blanco y negro retrata perfectamente los distintos personajes y localizaciones que desfilan continuamente a través de las páginas, con una estructura de viñetas que se va adaptando a los ritmos marcados por el desarrollo de la acción. Llama especialmente la atención que el mismo rigor que encontramos en la parte narrativa se encuentra presente también en la parte artística, con un importante trabajo de documentación de cara a la recreación de entornos y personajes históricos.

 

A modo de ejemplo para apreciar la precisión del trabajo de Rodier, la siguiente imagen muestra una comparación entre la fotografía real de Albert Einstein y Leó Szilárd  en el momento de escribir su famosa carta al presidente Franklin Delano Roosevelt y una de las viñetas del libro en las que se recrea dicha escena.

 



La excelente edición de Norma Editorial, en un lujoso y robusto tomo de casi 2 kilos y 500 páginas, contiene, además del cómic original, un postfacio con comentarios de sus autores, especialmente de Alcante y de su personalísima relación con Japón y con Hiroshima. También se incluye un listado con las múltiples referencias de diversa índole (libros, artículos, cómics, películas, museos…) utilizadas como documentación para la escritura de la obra y a las que podemos dirigirnos si deseamos profundizar todavía más en su temática. En definitiva, una obra que, tanto por su lado artístico/narrativo como por su vertiente divulgativa, va directa a la lista de recomendaciones.

 

Si no fuese porque es un chiste demasiado fácil, diría que este cómics es... la bomba. 




Reseña: LA BOMBA (D. Alcante / Bollée / Rodier)



Creo que nunca fui plenamente consciente del verdadero alcance del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima hasta que visité la sala dedicada a la segunda guerra mundial  en el Museo del Ejército en Los Inválidos en París. No sabría explicar por qué, pero todo lo relacionado con la bomba, desde su proceso de creación hasta su lanzamiento final sobre tierras japonesas y las consecuencias que todavía resonarían durante muchos años, me impactó de una forma inesperada.

 

Desde aquel momento no he dejado de leer cualquier libro o artículo al respecto, así como todo documental, serie o película medianamente relacionado que cayese en mis manos. Y, por supuesto, cómics. Desde la distopía irreverente de Los Proyectos Manhattan de Jonathan Hickman y Nick Pitarra hasta la crónica más desgarradora de Keiji Nakazawa a través de su Pies descalzos: una historia de Hiroshima. Tal vez por eso no he podido evitar lanzarme con avidez sobre La Bomba en el mismo momento que ha llegado a nuestras librerías de la mano de Norma Editorial.

 

Y es que, si La Bomba no es el cómic definitivo sobre la historia de la bomba atómica, no cuál lo será. El equipo creativo capitaneado por guionista Alcante (Didier Swysen) con la colaboración de Laurent-Frédéric Bollée en la escritrua y Denis Rodier a los lápices da vida a una obra imponente en todos los sentidos. Imponente, por supuesto, por su temática. Pero también por su ambición, por su rigor e incluso por su tamaño, llegando a alcanzar las 500 páginas.

 

Con respecto al argumento… la verdad es que no hay mucho espacio para espoilers. Poco se puede decir que no sea ya de sobras conocido: la narración arranca con la figura del físico húngaro Leó Szilárd cuya reacción en cadena controlada marcaría el pistoletazo de salida de la carrera atómica entre las distintas potencias de un mundo en guerra y termina, como no podía ser de otra manera, con un pequeño epílogo tras la detonación de Little Boy sobre la ciudad de Hiroshima.

 

Todo lo que ocurre entre esos dos puntos de la historia es una disección detalladísima y bien documentada de todo lo relativo a la creación de la bomba en sus múltiples dimensiones. Por supuesto, seremos testigos de todo el proceso del Proyecto Manhattan desde el punto de vista científico-técnico bajo la batuta de Robert Oppenheimer y Leslie Groves, pero sin dejar de lado la vertiente geopolítica, económica, militar o social. Aunque tal vez la obra peque un poco de americanocentrista y muestre todo esta historia desde el prisma norteamericano, tampoco quiere olvidarse de cómo se vivieron estos años de tensión internacional y de carrera armamentística desde el punto de vista de otros países, especialmente la Unión Soviética y Alemania.

 

Alcante escoge un curioso e inesperado personaje como narrador de su historia: el uranio. Bajo su mirada implacable, pasarán algunas de las figuras más relevantes de la historia del siglo XX: además de los citados Szilárd, Oppenheimer o Groves contaremos también con la presencia de personalidades de la talla de los científicos Enrico Fermi, Werner Heisenberg o Albert Einstein; políticos como Franklin Delano Roosevelt, Winston Churchill, Adolf Hitler, Stalin o Harry S. Truman o militares como Dwight D. Eisenhower, Douglas MacArthur o Charles McVay. Todos ellos jugadores que, en mayor o menor medida, tuvieron mucho que decir en uno de los acontecimientos más importantes y sobrecogedores de nuestra historia.

 

El dibujo de Denis Rodier, en un sobrio y detallado blanco y negro retrata perfectamente los distintos personajes y localizaciones que desfilan continuamente a través de las páginas, con una estructura de viñetas que se va adaptando a los ritmos marcados por el desarrollo de la acción. Llama especialmente la atención que el mismo rigor que encontramos en la parte narrativa se encuentra presente también en la parte artística, con un importante trabajo de documentación de cara a la recreación de entornos y personajes históricos.

 

A modo de ejemplo para apreciar la precisión del trabajo de Rodier, la siguiente imagen muestra una comparación entre la fotografía real de Albert Einstein y Leó Szilárd  en el momento de escribir su famosa carta al presidente Franklin Delano Roosevelt y una de las viñetas del libro en las que se recrea dicha escena.

 



La excelente edición de Norma Editorial, en un lujoso y robusto tomo de casi 2 kilos y 500 páginas, contiene, además del cómic original, un postfacio con comentarios de sus autores, especialmente de Alcante y de su personalísima relación con Japón y con Hiroshima. También se incluye un listado con las múltiples referencias de diversa índole (libros, artículos, cómics, películas, museos…) utilizadas como documentación para la escritura de la obra y a las que podemos dirigirnos si deseamos profundizar todavía más en su temática. En definitiva, una obra que, tanto por su lado artístico/narrativo como por su vertiente divulgativa, va directa a la lista de recomendaciones.

 

Si no fuese porque es un chiste demasiado fácil, diría que este cómics es... la bomba. 




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