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Ser judío en la convulsa, por ser bondadoso, Europa de principios del siglo XX era una autentica putada. En el punto de mira de los Zares y después de los Nazis, el pueblo judío ha sido perseguido, encarcelado, torturado y finalmente muchos, muchísimos de ellos, han acabado con sus huesos en una fosa. Es bastante tentador recurrir al tópico de que esa sea “una experiencia que, de sobrevivir a ella, tiene que forjar un carácter” pero sinceramente eso no es cierto. Es una experiencia que, de sobrevivir a ella, tiene que cambiarte para siempre. Pasar desapercibido, esconderse, no llamar la atención, mezclarse entre los monstruos y, llegado el caso, convertirse en uno…hacer lo que sea para sobrevivir, para protegerte a ti y a tu familia. Sin duda momentos en los que sea casí imposible mantener la cordura, e incluso, abrazar la locura sea la única manera de no de conservar el juicio y aguantar un vivo un día más.


La verdad que leído el párrafo anterior sería fácil sacar un guión para una historia de ficción pero como en la mayoría de situaciones, ahora si que recurro a un tópico, “la realidad siempre supera a la ficción”. Josepht Joanovici fue un niño rumano al que los hechos del “pogromo de kishinev” dejaron huérfano, se vio obligado a huir de su país, empezar una nueva vida en Paris, rebuscar entre la basura para sobrevivir, hacer de la chatarra un negocio millonario y con la llegada de los nazis tener que recurrir al engaño, a la colaboración con el reich alemán, sacar tajada de su deslealtad mientras apoyaba a la resistencia liberando presos, dando armas y transporte. Un doble juego que lo mantuvo siempre al filo de la navaja y que lo empujo a realizar actos horribles, para ocultar su ascendencia judía y poder mantenerse vivo, el y los suyos. Una vida que le deparó ser un héroe para unos y un criminal para otros.


5 años les ha costado a Fabien Nury y Sylvain Valleé en relatarnos la dramatización de la vida de Josepht Joanovici. Un guión que mezcla acontecimientos reales con pura ficción, con conjeturas, suposiciones e hipótesis con tal maestría que la línea que las divide es tan difusa que nunca logramos saber dónde termina el hecho histórico y dónde comienza la imaginación de los autores. 60 años de historia revisados donde el personaje central, Josepht, esta descrito y construido de manera solida sobre una ambigüedad moral que el guionista intenta explicar, que no justificar, y que le empuja poco a poco a convertirse en el mismo tipo de monstruos de los que intenta huir. Todo escrito con la elegancia y eficacia que solo se puede ver en el comic europeo desplazándonos por un marco temporal para intentar poner en contexto cada situación.


Y si el guión tiene un estilo que solo se puede ver en las páginas de comics europeos con el dibujo pasa lo mismo. Sylvain Valle imprime su estilo en cada viñeta dibujando personajes detallados, carismáticos pero sobre todo fácilmente reconocibles para que en todo momento el lector recuerde quien es quien. Esto parece una obviedad pero tened en cuenta que es todo un logro que en una obra tan longeva como esta seamos capaces de identificar a cada personaje en cualquier momento de la línea temporal. El estilo franco belga se deja ver en cada viñeta, su línea clara siempre a medio camino entre la realidad y caricatura, hacen de sus 371 enormes paginas una experiencia visual única.


Erase una vez en Francia” es un cómic enorme, tanto de manera literal como figurada. Una historia fantástica, llena de personajes carismáticos, situaciones límites y decisiones cuestionables tras las que solo hay el miedo a ser descubierto y con ello a morir. Que llega con una edición acorde, en tapa dura, gran formato y papel satinado de gran gramaje y que digna de colocarse en un sitio privilegiado en tu colección. “Erase una vez en Francia” es una historia apasionante tan increíble que solo puede ser cierta.




Reseña: Érase una vez en Francia (Fabien Nury y Sylvain Vallée)

Ser judío en la convulsa, por ser bondadoso, Europa de principios del siglo XX era una autentica putada. En el punto de mira de los Zares y después de los Nazis, el pueblo judío ha sido perseguido, encarcelado, torturado y finalmente muchos, muchísimos de ellos, han acabado con sus huesos en una fosa. Es bastante tentador recurrir al tópico de que esa sea “una experiencia que, de sobrevivir a ella, tiene que forjar un carácter” pero sinceramente eso no es cierto. Es una experiencia que, de sobrevivir a ella, tiene que cambiarte para siempre. Pasar desapercibido, esconderse, no llamar la atención, mezclarse entre los monstruos y, llegado el caso, convertirse en uno…hacer lo que sea para sobrevivir, para protegerte a ti y a tu familia. Sin duda momentos en los que sea casí imposible mantener la cordura, e incluso, abrazar la locura sea la única manera de no de conservar el juicio y aguantar un vivo un día más.


La verdad que leído el párrafo anterior sería fácil sacar un guión para una historia de ficción pero como en la mayoría de situaciones, ahora si que recurro a un tópico, “la realidad siempre supera a la ficción”. Josepht Joanovici fue un niño rumano al que los hechos del “pogromo de kishinev” dejaron huérfano, se vio obligado a huir de su país, empezar una nueva vida en Paris, rebuscar entre la basura para sobrevivir, hacer de la chatarra un negocio millonario y con la llegada de los nazis tener que recurrir al engaño, a la colaboración con el reich alemán, sacar tajada de su deslealtad mientras apoyaba a la resistencia liberando presos, dando armas y transporte. Un doble juego que lo mantuvo siempre al filo de la navaja y que lo empujo a realizar actos horribles, para ocultar su ascendencia judía y poder mantenerse vivo, el y los suyos. Una vida que le deparó ser un héroe para unos y un criminal para otros.


5 años les ha costado a Fabien Nury y Sylvain Valleé en relatarnos la dramatización de la vida de Josepht Joanovici. Un guión que mezcla acontecimientos reales con pura ficción, con conjeturas, suposiciones e hipótesis con tal maestría que la línea que las divide es tan difusa que nunca logramos saber dónde termina el hecho histórico y dónde comienza la imaginación de los autores. 60 años de historia revisados donde el personaje central, Josepht, esta descrito y construido de manera solida sobre una ambigüedad moral que el guionista intenta explicar, que no justificar, y que le empuja poco a poco a convertirse en el mismo tipo de monstruos de los que intenta huir. Todo escrito con la elegancia y eficacia que solo se puede ver en el comic europeo desplazándonos por un marco temporal para intentar poner en contexto cada situación.


Y si el guión tiene un estilo que solo se puede ver en las páginas de comics europeos con el dibujo pasa lo mismo. Sylvain Valle imprime su estilo en cada viñeta dibujando personajes detallados, carismáticos pero sobre todo fácilmente reconocibles para que en todo momento el lector recuerde quien es quien. Esto parece una obviedad pero tened en cuenta que es todo un logro que en una obra tan longeva como esta seamos capaces de identificar a cada personaje en cualquier momento de la línea temporal. El estilo franco belga se deja ver en cada viñeta, su línea clara siempre a medio camino entre la realidad y caricatura, hacen de sus 371 enormes paginas una experiencia visual única.


Erase una vez en Francia” es un cómic enorme, tanto de manera literal como figurada. Una historia fantástica, llena de personajes carismáticos, situaciones límites y decisiones cuestionables tras las que solo hay el miedo a ser descubierto y con ello a morir. Que llega con una edición acorde, en tapa dura, gran formato y papel satinado de gran gramaje y que digna de colocarse en un sitio privilegiado en tu colección. “Erase una vez en Francia” es una historia apasionante tan increíble que solo puede ser cierta.




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