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Más de diez años han pasado entre la publicación de Dallas, la segunda miniserie de The Umbrella Academy, y la tercera que hoy nos ocupa.. Diez años en los que los artífices de este extravagante universo se han dedicado a muchas otras cosas, claro. Gerard Way tomó el relevo de su buen amigo Grant Morrison en Doom Patrol, y Bá ha colaborado en historias tan dispares como AIDP: 1947 o Daytripper. Estaban un poco a los suyo, y parecía que las desventuras de la familia Hargreeves iban a quedarse en esa segunda maravillosa locura temporal que giraba alrededor del asesinato de Kennedy. 


Quién nos iba a decir que en este fatídico 2020 íbamos a estar, primero, encantados de ver una versión televisiva más que competente y sobre todo, de tener por fin entre manos la tercera entrega de la versión primigenia, de los tebeos de The Umbrella Academy. Hoy por fin podemos leer gracias en su edición de lujo cortesía de Norma Editorial, lo que se viene a llamar Cartoné con Camisa, Hotel Oblivion.


Los casi diez años entre Dallas y Hotel Oblivion no pasan factura a un arranque que se siente igual de energético que en números anteriores, y en el que vemos a los hermanos Hargreeves tal desperdigados, cada uno a los suyo, separados. Pero es entonces que su pasado, con el fantasma de su padre Sir Reginald Hargreeves a la cabeza vuelve, con las espadas más afiladas que nunca. De nuevo la narración de Way resulta en un principio caótica, con multitud de acontecimientos y personajes desarrollándose en paralelo, y con secundarios entrando y saliendo de forma continúa. Por momentos resulta mareante y de hecho, tuve que releer el tercer número para poner un poco las cosas en su sitio. 


Pero lo cierto es que cuando llega el momento de que las líneas confluyen el resultado es asombrosamente satisfactorio, y es gracias a que el antiguo vocalista de My Chemical Romance acierta enormemente al dividir a los hermanos en varios grupos y hacer que sus viajes personales y sus propias redenciones estén por encima de la historia que se cuenta y de todas las extravagancias y excentricidades que se van apilando en un crescendo que parece no tener solución de continuidad. Y quizás no la tenga, pero no nos importa porque hemos visto de nuevo a Spaceboy, Kraken, Rumor, Seance, Cinco y Vanya enfrentarse a sus demonios y apoyarse en lo único que tienen en este mundo, que son sus hermanos. Porque una vez más, este grupo absolutamente disfuncional necesita entender por las malas que siendo los inadaptados y freaks que son, deben centrarse en lo que les une, y no en aquello que les separa.


Y toda esta peripecia no sería ni de lejos tan deliciosa si no fuera por la segunda pata de la que aún no he hablado, que es el dibujo de Gabriel Bá. Dijo el propio artista brasiñeño en multitud de ocasiones que estaba dudoso cuando empezó a dibujar los primeros números de The Umbrella Academy, porque él mismo no se consideraba un autor de super héroes. Sus temores, propios de personas con talento, estaban claramente infundados, claro, porque su estilo ya forma parte integral e indivisible de esta obra. Y además como cabía esperar tras tantos años, ha mejorado. De hecho el trazo anguloso, exagerado y tremendamente cartoon está más en sintonía con la historia que nunca. Se siente la confianza y la seguridad con la que Bá hace suyas tanto las secuencias de acción con viñetas pequeñas y estrechas que dan lugar a una gran panorámica de lo que está ocurriendo, como de las escenas más calmadas o inquietantes, donde las perspectiva y los juegos de luces y sombras funcionan como un tiro. 


Y es así que Hotel Oblivion no solo sobrevive a las expectativas que un servidor tenía puestas en él, si no que las supera y se coloca como la mejor de las tres miniseries hasta ahora, dejándonos además con un cliffhanger final que apunta a una cuarta parte. Esperemos que en esta ocasión no tengamos que esperar otros diez años para disfrutar de esta, nuestra familia de supers disfuncional favorita.


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Reseña: Umbrella Academy Vol. 3: Hotel Oblivion (Gerard Way y Gabriel Bá)

Más de diez años han pasado entre la publicación de Dallas, la segunda miniserie de The Umbrella Academy, y la tercera que hoy nos ocupa.. Diez años en los que los artífices de este extravagante universo se han dedicado a muchas otras cosas, claro. Gerard Way tomó el relevo de su buen amigo Grant Morrison en Doom Patrol, y Bá ha colaborado en historias tan dispares como AIDP: 1947 o Daytripper. Estaban un poco a los suyo, y parecía que las desventuras de la familia Hargreeves iban a quedarse en esa segunda maravillosa locura temporal que giraba alrededor del asesinato de Kennedy. 


Quién nos iba a decir que en este fatídico 2020 íbamos a estar, primero, encantados de ver una versión televisiva más que competente y sobre todo, de tener por fin entre manos la tercera entrega de la versión primigenia, de los tebeos de The Umbrella Academy. Hoy por fin podemos leer gracias en su edición de lujo cortesía de Norma Editorial, lo que se viene a llamar Cartoné con Camisa, Hotel Oblivion.


Los casi diez años entre Dallas y Hotel Oblivion no pasan factura a un arranque que se siente igual de energético que en números anteriores, y en el que vemos a los hermanos Hargreeves tal desperdigados, cada uno a los suyo, separados. Pero es entonces que su pasado, con el fantasma de su padre Sir Reginald Hargreeves a la cabeza vuelve, con las espadas más afiladas que nunca. De nuevo la narración de Way resulta en un principio caótica, con multitud de acontecimientos y personajes desarrollándose en paralelo, y con secundarios entrando y saliendo de forma continúa. Por momentos resulta mareante y de hecho, tuve que releer el tercer número para poner un poco las cosas en su sitio. 


Pero lo cierto es que cuando llega el momento de que las líneas confluyen el resultado es asombrosamente satisfactorio, y es gracias a que el antiguo vocalista de My Chemical Romance acierta enormemente al dividir a los hermanos en varios grupos y hacer que sus viajes personales y sus propias redenciones estén por encima de la historia que se cuenta y de todas las extravagancias y excentricidades que se van apilando en un crescendo que parece no tener solución de continuidad. Y quizás no la tenga, pero no nos importa porque hemos visto de nuevo a Spaceboy, Kraken, Rumor, Seance, Cinco y Vanya enfrentarse a sus demonios y apoyarse en lo único que tienen en este mundo, que son sus hermanos. Porque una vez más, este grupo absolutamente disfuncional necesita entender por las malas que siendo los inadaptados y freaks que son, deben centrarse en lo que les une, y no en aquello que les separa.


Y toda esta peripecia no sería ni de lejos tan deliciosa si no fuera por la segunda pata de la que aún no he hablado, que es el dibujo de Gabriel Bá. Dijo el propio artista brasiñeño en multitud de ocasiones que estaba dudoso cuando empezó a dibujar los primeros números de The Umbrella Academy, porque él mismo no se consideraba un autor de super héroes. Sus temores, propios de personas con talento, estaban claramente infundados, claro, porque su estilo ya forma parte integral e indivisible de esta obra. Y además como cabía esperar tras tantos años, ha mejorado. De hecho el trazo anguloso, exagerado y tremendamente cartoon está más en sintonía con la historia que nunca. Se siente la confianza y la seguridad con la que Bá hace suyas tanto las secuencias de acción con viñetas pequeñas y estrechas que dan lugar a una gran panorámica de lo que está ocurriendo, como de las escenas más calmadas o inquietantes, donde las perspectiva y los juegos de luces y sombras funcionan como un tiro. 


Y es así que Hotel Oblivion no solo sobrevive a las expectativas que un servidor tenía puestas en él, si no que las supera y se coloca como la mejor de las tres miniseries hasta ahora, dejándonos además con un cliffhanger final que apunta a una cuarta parte. Esperemos que en esta ocasión no tengamos que esperar otros diez años para disfrutar de esta, nuestra familia de supers disfuncional favorita.


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