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Hablar de Patria, la novela de Fernando Aramburu, es hablar de uno de los fenómenos editoriales, sociales y culturales de los últimos años en nuestro país. Una de esas rarezas capaces de poner de acuerdo tanto al público - la novela todavía se mantiene en los primeros puestos de las listas de ventas 4 años después de su publicación - como a la crítica, habiendo recibido galardones como el Premio Nacional de Narrativa o el Premio de la Crítica.


No es de extrañar que ante un fenómeno de semejante envergadura no tarden en salir al mercado adaptaciones de la obra en otros medios y, en este sentido, Patria no ha sido una excepción. Este 2020 ha sido el año escogido para el desembarco tanto de la serie de televisión que llegará próximamente a nuestras pantallas como de la adaptación al cómic que, gracias a Planeta Cómic, tenemos ya en nuestras librerías de cabecera.


El encargo de llevar a cabo la adaptación era a priori todo un reto. Tanto por la repercusión de la obra como por la particular estructura de la obra original: un puzzle de personajes y tiempos desarrollado en 125 capítulos y más de 600 páginas. El elegido para enfrentarse a semejante labor ha sido el artista barcelonés Toni Fejzula, una de las estrellas ascendentes del panorama nacional. Y debo decir que, ya lo adelanto, el resultado final ha sido excelente.


Patria arranca con el anuncio del alto el fuego definitivo de ETA en 2011, cuando Bittori se plantea regresar, en busca de respuestas, al pequeño pueblo de Guipúzcoa en el que su marido fue asesinado por la banda terrorista y del que tuvo que exiliarse por la tensión política que se respiraba. Pero el libro va mucho más allá. A través de los ojos de Bittori, pero también de los de su antigua amiga Miren y de los de sus respectivas familias, la obra trata de mostrarnos la fractura social en la cotidianidad vasca desde todos sus puntos de vista a lo largo 30 años de conflicto en los que solo ha habido perdedores. Víctimas y terroristas. Pero sobre todo mucho dolor.


Aunque lo que nos cuenta es tremendamente fiel al contenido de la novela original, Fejzula aprovecha todas posibilidades que el cómic, como medio, puede ofrecer para acercarnos la historia de Patria de una manera completamente diferente gracias al uso de la imagen como elemento narrativo, sobre todo a través del color y de la composición. Resulta llamativa la maestría con la que el artista barcelonés consigue contar tanto utilizando tan pocas palabras.


La obsesión por el detalle se aprecia en todos y cada uno de los paneles que componen la obra, tanto en personajes como en fondos, con un gran trabajo de documentación que nos permite reconocer muchos de los escenarios en los que se desarrolla la historia. De la misma manera están cuidados el vestuario y aspecto físico de los personajes para ayudarnos a situar la narración, que va saltando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, en su momento correcto sin tener que recurrir a los típicos rótulos explicativos.


Los colores, por otro lado, definen el clima emocional y marcan el tono de las diferentes escenas. Además, cada personaje está asociado también a un color distinto vinculado a su estado emocional y a su función narrativa, de manera que personajes afines tienen colores similares y personajes enfrentados muestran colores complementarios, como es el caso del azul-tristeza de Bittori en contraposición al rojo-ira de Miren. En este sentido se agradece, sobre todo en los primeros compases cuando todavía no nos hemos hecho con todos los personajes, que el cómic incluya una ilustración con una pequeña leyenda relacionando personajes y colores.


Planeta Cómic presenta esta obra en un lujoso volumen en tapa dura de más de 300 páginas en papel de alto gramaje que ayuda a potenciar el tratamiento del color. Además de la propia adaptación literaria, la edición incluye un extenso epílogo en el que el propio Fejzula realiza una interesante exposición de motivos así como una completa disección del proceso creativo acompañado por bocetos y páginas que ilustran los distintos estados de dicho proceso.


Patria consigue algo verdaderamente difícil: ser tremendamente fiel a la obra original al mismo tiempo que ofrecer una experiencia completamente distinta y complementaria, siendo así capaz de satisfacer tanto al conocedor de la novela de Aramburu como a los nuevos lectores. Imprescindible.




Reseña: Patria (Toni Fejzula, Fernando Aramburu)

 


Hablar de Patria, la novela de Fernando Aramburu, es hablar de uno de los fenómenos editoriales, sociales y culturales de los últimos años en nuestro país. Una de esas rarezas capaces de poner de acuerdo tanto al público - la novela todavía se mantiene en los primeros puestos de las listas de ventas 4 años después de su publicación - como a la crítica, habiendo recibido galardones como el Premio Nacional de Narrativa o el Premio de la Crítica.


No es de extrañar que ante un fenómeno de semejante envergadura no tarden en salir al mercado adaptaciones de la obra en otros medios y, en este sentido, Patria no ha sido una excepción. Este 2020 ha sido el año escogido para el desembarco tanto de la serie de televisión que llegará próximamente a nuestras pantallas como de la adaptación al cómic que, gracias a Planeta Cómic, tenemos ya en nuestras librerías de cabecera.


El encargo de llevar a cabo la adaptación era a priori todo un reto. Tanto por la repercusión de la obra como por la particular estructura de la obra original: un puzzle de personajes y tiempos desarrollado en 125 capítulos y más de 600 páginas. El elegido para enfrentarse a semejante labor ha sido el artista barcelonés Toni Fejzula, una de las estrellas ascendentes del panorama nacional. Y debo decir que, ya lo adelanto, el resultado final ha sido excelente.


Patria arranca con el anuncio del alto el fuego definitivo de ETA en 2011, cuando Bittori se plantea regresar, en busca de respuestas, al pequeño pueblo de Guipúzcoa en el que su marido fue asesinado por la banda terrorista y del que tuvo que exiliarse por la tensión política que se respiraba. Pero el libro va mucho más allá. A través de los ojos de Bittori, pero también de los de su antigua amiga Miren y de los de sus respectivas familias, la obra trata de mostrarnos la fractura social en la cotidianidad vasca desde todos sus puntos de vista a lo largo 30 años de conflicto en los que solo ha habido perdedores. Víctimas y terroristas. Pero sobre todo mucho dolor.


Aunque lo que nos cuenta es tremendamente fiel al contenido de la novela original, Fejzula aprovecha todas posibilidades que el cómic, como medio, puede ofrecer para acercarnos la historia de Patria de una manera completamente diferente gracias al uso de la imagen como elemento narrativo, sobre todo a través del color y de la composición. Resulta llamativa la maestría con la que el artista barcelonés consigue contar tanto utilizando tan pocas palabras.


La obsesión por el detalle se aprecia en todos y cada uno de los paneles que componen la obra, tanto en personajes como en fondos, con un gran trabajo de documentación que nos permite reconocer muchos de los escenarios en los que se desarrolla la historia. De la misma manera están cuidados el vestuario y aspecto físico de los personajes para ayudarnos a situar la narración, que va saltando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, en su momento correcto sin tener que recurrir a los típicos rótulos explicativos.


Los colores, por otro lado, definen el clima emocional y marcan el tono de las diferentes escenas. Además, cada personaje está asociado también a un color distinto vinculado a su estado emocional y a su función narrativa, de manera que personajes afines tienen colores similares y personajes enfrentados muestran colores complementarios, como es el caso del azul-tristeza de Bittori en contraposición al rojo-ira de Miren. En este sentido se agradece, sobre todo en los primeros compases cuando todavía no nos hemos hecho con todos los personajes, que el cómic incluya una ilustración con una pequeña leyenda relacionando personajes y colores.


Planeta Cómic presenta esta obra en un lujoso volumen en tapa dura de más de 300 páginas en papel de alto gramaje que ayuda a potenciar el tratamiento del color. Además de la propia adaptación literaria, la edición incluye un extenso epílogo en el que el propio Fejzula realiza una interesante exposición de motivos así como una completa disección del proceso creativo acompañado por bocetos y páginas que ilustran los distintos estados de dicho proceso.


Patria consigue algo verdaderamente difícil: ser tremendamente fiel a la obra original al mismo tiempo que ofrecer una experiencia completamente distinta y complementaria, siendo así capaz de satisfacer tanto al conocedor de la novela de Aramburu como a los nuevos lectores. Imprescindible.




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