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No seré yo el que a estas alturas de la partida venga a la Reserva a descubrir a Osamu Tezuka y su incomparable talento. En pleno 2020, cualquier persona que se considere a sí misma aficionada al manga seguramente habrá leído ya alguna de las obras del maestro japonés, sea alguna de sus series de cabecera como Astro Boy, Fénix, Black Jack o Buddha o de sus obras más cortas como Adolf, Ayako o Bárbara.

Ante un producción tan extensa como la de Tezuka, hay que agradecer el esfuerzo de Planeta Cómic en su empeño por recuperar la obra del llamado dios del manga y seguir trayendo a nuestras estanterías todo ese material inédito en España del que todavía no habíamos podido disfrutar. Así, coincidiendo con el 50 aniversario de su publicación original, llega por primera vez a nuestras librerías favoritas el volumen antológico Cráter.

Cráter es una colección de 17 relatos autoconclusivos publicados originalmente entre agosto de 1969 y abril 1970 en la revista Weekly Shonen Champion y recopilados más tarde en 3 tomos junto con otra aventura adicional. La edición ahora publicada por Planeta Cómic recoge estas 18 historias en un único volúmen que nos permitirá acceder a estos relatos como si de una obra única se tratase.

Porque aunque se trata de historias independientes sin aparente relación entre ellas, lo cierto es que sí que existe cierta conexión. Y no me refiero únicamente a su apartado artístico, que mantiene un estilo de dibujo consistente a lo largo de toda la antología, perfectamente reconocible para cualquiera que ya conociese la obra de Tezuka. Me refiero más a una unidad temática e incluso estructural.

Para hablar de esta estructura me gustaría retroceder unos años en el tiempo y cambiar de medio y de continente. Estamos en 1959 y en Estados Unidos ve la luz una serie de televisión que bebe directamente de las revistas de relatos de ciencia ficción tan populares en la época. Estamos hablando de La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone). La serie, a través de capítulos independientes y siempre bajo el paraguas de la ciencia ficción, la fantasía y el terror, se caracterizaba por plantear dilemas morales y existenciales, reflexionando sobre la propia naturaleza humana, con sus luces y sobre todo sus sombras. La serie, además, solía regalarnos finales impactantes con giros sorprendentes y dejarnos de fondo un mensaje o pequeña moraleja sin demasiadas sutilezas.

¿Por qué hago esta referencia? Porque me da la sensación de que la serie, que se pudo ver en Japón entre 1960 y 1967, tuvo bastante influencia en el planteamiento y desarrollo de la obra que tenemos entre manos. Para empezar porque toda la descripción del párrafo anterior, palabra por palabra, sobre La Dimensión Desconocida podría haberlo escrito para definir Cráter.

Pero es que además está la presencia de Okuchin, el joven de flequillo moreno protagonista de todos los cuentos de la antología. Un momento, ¿no habíamos dicho que eran historias independientes? Sí, son relatos independientes que se desarrollan en entornos de lo más variado, en tiempos (pasados, presentes o futuros) distintos y con personajes completamente diferentes. Podríamos decir, y aquí el paralelismo con una serie de televisión, que Okuchin es el actor que interpreta un papel distinto, incluso llegando a cambiar de sexo o de raza, en cada capítulo de la antología. A modo de curiosidad, común en su obra, añadiré que sí que hay un personaje que se repite en tres de los relatos: la caricatura del propio Tezuka, siempre caracterizado con su cabeza redonda y una prominente nariz punteada, gafas negras y boina calada.

Dicho esto, las historias no podrían ser más variadas: maldiciones, fantasmas, leyendas urbanas, folklore japonés, invasiones alienígenas, realidades alternativas, mundos paralelos, viajes en el tiempo, vida más allá de la muerte, pánico nuclear, los límites de la ciencia… incluyendo un divertido relato que podría ser precursor de Ranma ½. ¿Alguien da más? Todo un alarde de imaginación para todos los gustos donde tampoco faltarán la crítica social y política, la retranca ni el habitual sentido del humor del genio japonés.

Planeta Cómic presenta esta obra en en cuidado volúmen en tapa dura de 560 páginas en blanco negro y con sentido japonés de lectura. Como bonus, está traducido al español por Marc Bernabé, sinónimo de calidad, e incluye las notas de traducción necesarias para que podamos entender cada viñeta en su contexto.

Con todo lo dicho, me resulta imposible no recomendar esta obra. Tanto para los fans de Tezuka, que podrán disfrutar por primera vez de esta colección de historias y seguir profundizando en el universo particular del maestro, como para aquellos que quieran acercarse al dios del manga por primera vez.


Reseña: Cráter (Osamu Tezuka)


No seré yo el que a estas alturas de la partida venga a la Reserva a descubrir a Osamu Tezuka y su incomparable talento. En pleno 2020, cualquier persona que se considere a sí misma aficionada al manga seguramente habrá leído ya alguna de las obras del maestro japonés, sea alguna de sus series de cabecera como Astro Boy, Fénix, Black Jack o Buddha o de sus obras más cortas como Adolf, Ayako o Bárbara.

Ante un producción tan extensa como la de Tezuka, hay que agradecer el esfuerzo de Planeta Cómic en su empeño por recuperar la obra del llamado dios del manga y seguir trayendo a nuestras estanterías todo ese material inédito en España del que todavía no habíamos podido disfrutar. Así, coincidiendo con el 50 aniversario de su publicación original, llega por primera vez a nuestras librerías favoritas el volumen antológico Cráter.

Cráter es una colección de 17 relatos autoconclusivos publicados originalmente entre agosto de 1969 y abril 1970 en la revista Weekly Shonen Champion y recopilados más tarde en 3 tomos junto con otra aventura adicional. La edición ahora publicada por Planeta Cómic recoge estas 18 historias en un único volúmen que nos permitirá acceder a estos relatos como si de una obra única se tratase.

Porque aunque se trata de historias independientes sin aparente relación entre ellas, lo cierto es que sí que existe cierta conexión. Y no me refiero únicamente a su apartado artístico, que mantiene un estilo de dibujo consistente a lo largo de toda la antología, perfectamente reconocible para cualquiera que ya conociese la obra de Tezuka. Me refiero más a una unidad temática e incluso estructural.

Para hablar de esta estructura me gustaría retroceder unos años en el tiempo y cambiar de medio y de continente. Estamos en 1959 y en Estados Unidos ve la luz una serie de televisión que bebe directamente de las revistas de relatos de ciencia ficción tan populares en la época. Estamos hablando de La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone). La serie, a través de capítulos independientes y siempre bajo el paraguas de la ciencia ficción, la fantasía y el terror, se caracterizaba por plantear dilemas morales y existenciales, reflexionando sobre la propia naturaleza humana, con sus luces y sobre todo sus sombras. La serie, además, solía regalarnos finales impactantes con giros sorprendentes y dejarnos de fondo un mensaje o pequeña moraleja sin demasiadas sutilezas.

¿Por qué hago esta referencia? Porque me da la sensación de que la serie, que se pudo ver en Japón entre 1960 y 1967, tuvo bastante influencia en el planteamiento y desarrollo de la obra que tenemos entre manos. Para empezar porque toda la descripción del párrafo anterior, palabra por palabra, sobre La Dimensión Desconocida podría haberlo escrito para definir Cráter.

Pero es que además está la presencia de Okuchin, el joven de flequillo moreno protagonista de todos los cuentos de la antología. Un momento, ¿no habíamos dicho que eran historias independientes? Sí, son relatos independientes que se desarrollan en entornos de lo más variado, en tiempos (pasados, presentes o futuros) distintos y con personajes completamente diferentes. Podríamos decir, y aquí el paralelismo con una serie de televisión, que Okuchin es el actor que interpreta un papel distinto, incluso llegando a cambiar de sexo o de raza, en cada capítulo de la antología. A modo de curiosidad, común en su obra, añadiré que sí que hay un personaje que se repite en tres de los relatos: la caricatura del propio Tezuka, siempre caracterizado con su cabeza redonda y una prominente nariz punteada, gafas negras y boina calada.

Dicho esto, las historias no podrían ser más variadas: maldiciones, fantasmas, leyendas urbanas, folklore japonés, invasiones alienígenas, realidades alternativas, mundos paralelos, viajes en el tiempo, vida más allá de la muerte, pánico nuclear, los límites de la ciencia… incluyendo un divertido relato que podría ser precursor de Ranma ½. ¿Alguien da más? Todo un alarde de imaginación para todos los gustos donde tampoco faltarán la crítica social y política, la retranca ni el habitual sentido del humor del genio japonés.

Planeta Cómic presenta esta obra en en cuidado volúmen en tapa dura de 560 páginas en blanco negro y con sentido japonés de lectura. Como bonus, está traducido al español por Marc Bernabé, sinónimo de calidad, e incluye las notas de traducción necesarias para que podamos entender cada viñeta en su contexto.

Con todo lo dicho, me resulta imposible no recomendar esta obra. Tanto para los fans de Tezuka, que podrán disfrutar por primera vez de esta colección de historias y seguir profundizando en el universo particular del maestro, como para aquellos que quieran acercarse al dios del manga por primera vez.


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