John Layman creó hace unos años uno de los universos más increíbles, complejos y locos que he tenido el placer de leer. Os hablo, claro, de Chew. La loquísima historia del detective que a través de la ingesta visualiza todas las penurias que ha pasado su comida antes de llegar a su boca me tuvo pegado a sus páginas durante los 12 números que tuvimos en España y lo cierto es que tras varias relecturas aún me sigue resultando enormemente cautivadora. Es por esto que cuando supe que Planeta iba a publicar una nueva obra de Layman, se me erizaron los pelos de la nuca. Y mi corazonada resultó certera, porque este primer volumen de Outer Darkness tiene todo lo que esperaba y más.

Comenzando, como no, por un guión que de nuevo toma un género con sus clichés y le da un par de vueltas de tuerca para convertirlo en algo distinto pero reconocible y muy muy divertido. Y es que la historia de Joshua Rigg, capitán de la nave de rescate Caronte, se desarrolla en un universo en el que la ficción científica, la fantasía y el terror se dan la mano, se besan, echan un polvazo sobre la mesa de billar y luego se fuman un pitillo mientras hablan del tiempo. Porque en el profundo espacio donde nadie puede oir tus gritos habitan seres lovecraftianos, demonios, espíritus y dioses mayores y menores. Claro que el ser humano (y otras razas que pueblan la Caronte) ha aprendido no sólo a vivir con ellos, si no a aprovecharse de sus poderes para explorar los confines del universo, con erótico a la par que erótico resultado.

Así pues, la nave de rescate Caronte va tripulada no sólo por científicos, navegantes y demás personal militar, si no también exorcistas, santones, oráculos, matemáticos cuánticos e incluso un motor alimentado por el poder de un dios arcano al que habremos de alimentar con sacrificios humanos. Y obviamente, en la línea de lo que pudimos ver en Chew, nada es lo que parece, todos tienen una agenda oculta y cada uno de los personajes tan pronto puede convertirse en un valioso aliado como en un encarnizado enemigo. Todo eso da lugar a un cóctel explosivo en el que los diálogos más ingeniosos punzantes se mezclan con escenas gore muy reminiscentes a Alien o a Destino Final.

Y para ilustrar esta loquisima aventura tenemos a Afu Chan, que nos deja unos diseños de razas bastante genéricos pero que brilla tanto en la expresividad de los personajes, el diseño de los monstruos y la narrativa secuencial, con mucho uso de paneles grandes y un colorido pastel que contrasta fuertemente con el tono de la historia. Se echan de menos fondos y diseños de naves algo más detallados, pero esa sensación desaparece rápido una vez entramos en harina.

La edición es francamente bonita. Tapa dura, papel satinado de buen gramaje y los clásicos extras, esto es, portadas alternativas y unos cuantos bocetos para que veamos la evolución y el desarrollo de las ideas. Nada especial, pero siempre es mejor esto que nada.

Lo cierto es que este tomo, que recopila los seis primeros números de la serie nos deja con mas preguntas que respuestas, con dudas sobre lo que se viene, y en definitiva, con ganas de más Outer Darkness. Parece ser que los siguientes seis números completan lo que se ha llamado la primera temporada, y se promete una segunda más pronto que tarde. Así que si os gustan las historias sobre tipos badass del espacio y queréis leer algo distinto, ligero e increíblemente entretenido, este tomo de Planeta es lo que necesitáis.



Reseña: Outer Darkness (John Layman y Afu Chan)


John Layman creó hace unos años uno de los universos más increíbles, complejos y locos que he tenido el placer de leer. Os hablo, claro, de Chew. La loquísima historia del detective que a través de la ingesta visualiza todas las penurias que ha pasado su comida antes de llegar a su boca me tuvo pegado a sus páginas durante los 12 números que tuvimos en España y lo cierto es que tras varias relecturas aún me sigue resultando enormemente cautivadora. Es por esto que cuando supe que Planeta iba a publicar una nueva obra de Layman, se me erizaron los pelos de la nuca. Y mi corazonada resultó certera, porque este primer volumen de Outer Darkness tiene todo lo que esperaba y más.

Comenzando, como no, por un guión que de nuevo toma un género con sus clichés y le da un par de vueltas de tuerca para convertirlo en algo distinto pero reconocible y muy muy divertido. Y es que la historia de Joshua Rigg, capitán de la nave de rescate Caronte, se desarrolla en un universo en el que la ficción científica, la fantasía y el terror se dan la mano, se besan, echan un polvazo sobre la mesa de billar y luego se fuman un pitillo mientras hablan del tiempo. Porque en el profundo espacio donde nadie puede oir tus gritos habitan seres lovecraftianos, demonios, espíritus y dioses mayores y menores. Claro que el ser humano (y otras razas que pueblan la Caronte) ha aprendido no sólo a vivir con ellos, si no a aprovecharse de sus poderes para explorar los confines del universo, con erótico a la par que erótico resultado.

Así pues, la nave de rescate Caronte va tripulada no sólo por científicos, navegantes y demás personal militar, si no también exorcistas, santones, oráculos, matemáticos cuánticos e incluso un motor alimentado por el poder de un dios arcano al que habremos de alimentar con sacrificios humanos. Y obviamente, en la línea de lo que pudimos ver en Chew, nada es lo que parece, todos tienen una agenda oculta y cada uno de los personajes tan pronto puede convertirse en un valioso aliado como en un encarnizado enemigo. Todo eso da lugar a un cóctel explosivo en el que los diálogos más ingeniosos punzantes se mezclan con escenas gore muy reminiscentes a Alien o a Destino Final.

Y para ilustrar esta loquisima aventura tenemos a Afu Chan, que nos deja unos diseños de razas bastante genéricos pero que brilla tanto en la expresividad de los personajes, el diseño de los monstruos y la narrativa secuencial, con mucho uso de paneles grandes y un colorido pastel que contrasta fuertemente con el tono de la historia. Se echan de menos fondos y diseños de naves algo más detallados, pero esa sensación desaparece rápido una vez entramos en harina.

La edición es francamente bonita. Tapa dura, papel satinado de buen gramaje y los clásicos extras, esto es, portadas alternativas y unos cuantos bocetos para que veamos la evolución y el desarrollo de las ideas. Nada especial, pero siempre es mejor esto que nada.

Lo cierto es que este tomo, que recopila los seis primeros números de la serie nos deja con mas preguntas que respuestas, con dudas sobre lo que se viene, y en definitiva, con ganas de más Outer Darkness. Parece ser que los siguientes seis números completan lo que se ha llamado la primera temporada, y se promete una segunda más pronto que tarde. Así que si os gustan las historias sobre tipos badass del espacio y queréis leer algo distinto, ligero e increíblemente entretenido, este tomo de Planeta es lo que necesitáis.



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