Brian Azzarello es un narrador portentoso. No lo digo sólo porque sepa crear una narración tan compleja como rica en matices, sino porque es capaz de adentrarse en la mente de sus personajes y trasladarnos a su mundo mediante una inmersión en su entorno con un ojo especialmente preparado para la disección y el análisis. 100 balas podría pasar fácilmente por un mero entretenimiento con fantásticas conspiraciones mundiales y demás cosas por el estilo, pero sabe transformarse rápidamente rápidamente en lo que toda novela negra debe aspirar a ser: una indagación sobre el lado más oscuro del ser humano. Aquel aspecto de nosotros mismos que queremos rehusar, descartar u obviar con la intención de vivir más en paz con nosotros mismos. Pero a veces es necesario abrazar firmemente ese lado oscuro para crecer y conocernos mejor. En este caso, hablamos de la venganza.

¿Qué pasaría si un buen día se acercara a vosotros un señor con un maletín que contiene una pistola y 100 balas con las que podéis actuar impunemente? Es decir, podéis matar sin recibir castigo alguna. La obra de Azzarello supone una interesantísima indagación sobre la venganza, el odio y la esperanza, aderezado, además, con una historia de conspiraciones que crece número tras número de manera casi imperceptible, pero imparable. Porque poco a pocos iremos descubriendo quién es ese misterioso Sr. Graves que nos ofrece esa posibilidad de venganza, para quién trabaja (o ha trabajado) y cómo consigue que podamos matar sin recibir castigo alguno.

Y es que 100 balas sabe ir creciendo de manera exponencial aunando estas dos vertientes comentadas: a saber, la historia centrada en la venganza personal y la historia enfocada en la conspiración. Se sabe tomar su tiempo para explicarnos las motivaciones de sus personajes, sumergirnos en sus microcosmos para que entendamos qué motivos les incitan a actuar como lo hacen. Así podremos saber de dónde parten y hacia dónde se dirigen. Saber compaginar la microhistoria con la macrohistoria que los envuelve a todos es un trabajo complejo pero que Azzarello sabe llevar a cabo con una sencillez pasmosa: es una obra que se cocina a fuego lento, pero con un fuego bien calentito, sabiendo qué ingredientes está utilizando y cuál será el plato final. Poco a poco os veréis envueltos por su aroma totalmente inconfundible: casi, casi no querréis destapar el plato, pero una vez lo hayáis hecho os va a resultar imposible apartaros de él.

He dicho que es una obra lenta, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que sea aburrida: al contrario, Azzarello abre el abanico de personajes de manera escalonada, sin prisas, porque tiene muy claro qué quiere contarnos y quiere hacerlo bien. La perfección a la hora de desplegar todo el esplendor de su portentosa capacidad narrativa precisa de un mecanismo de relojería tan perfecto que no debe llevarse a cabo con prisas: lento, pero implacable, Azzarello sabe atraparnos en su oscuro mundo.

Por su parte, Eduardo Risso tiene un estilo de dibujo claro, con una paleta de colores oscuros que casa a la perfección con el estilo pulp que se percibe a lo largo de la obra: su dibujo crudo, sangriento y lleno de claroscuros casa perfectamente con la intencionalidad de Azzarello creando una simbiosis que enriquece aún más la obra y su significado.

Además, ahora ECC Ediciones nos ofrece la oportunidad de disfrutarla en una edición (que constará de cinco volúmenes) de tapa dura con los primeros 19 números, junto con bocetos de sus personajes protagonistas y la incorporación de la historia breve Winter's Edge.

100 balas es una obra inapelable, que golpea duro y directo: no ofrece salvavidas ni puertos seguros, sólo la seguridad de un naufragio en las costas más oscuras del ser humano. Pero yo no cambiaría ese naufragio por nada del mundo: Azzarello y Risso crearon algo único y esta es una oportunidad de oro para volver a su obra.


Reseña: 100 Balas. Libro 1 (Brian Azzarello y Eduardo Risso)


Brian Azzarello es un narrador portentoso. No lo digo sólo porque sepa crear una narración tan compleja como rica en matices, sino porque es capaz de adentrarse en la mente de sus personajes y trasladarnos a su mundo mediante una inmersión en su entorno con un ojo especialmente preparado para la disección y el análisis. 100 balas podría pasar fácilmente por un mero entretenimiento con fantásticas conspiraciones mundiales y demás cosas por el estilo, pero sabe transformarse rápidamente rápidamente en lo que toda novela negra debe aspirar a ser: una indagación sobre el lado más oscuro del ser humano. Aquel aspecto de nosotros mismos que queremos rehusar, descartar u obviar con la intención de vivir más en paz con nosotros mismos. Pero a veces es necesario abrazar firmemente ese lado oscuro para crecer y conocernos mejor. En este caso, hablamos de la venganza.

¿Qué pasaría si un buen día se acercara a vosotros un señor con un maletín que contiene una pistola y 100 balas con las que podéis actuar impunemente? Es decir, podéis matar sin recibir castigo alguna. La obra de Azzarello supone una interesantísima indagación sobre la venganza, el odio y la esperanza, aderezado, además, con una historia de conspiraciones que crece número tras número de manera casi imperceptible, pero imparable. Porque poco a pocos iremos descubriendo quién es ese misterioso Sr. Graves que nos ofrece esa posibilidad de venganza, para quién trabaja (o ha trabajado) y cómo consigue que podamos matar sin recibir castigo alguno.

Y es que 100 balas sabe ir creciendo de manera exponencial aunando estas dos vertientes comentadas: a saber, la historia centrada en la venganza personal y la historia enfocada en la conspiración. Se sabe tomar su tiempo para explicarnos las motivaciones de sus personajes, sumergirnos en sus microcosmos para que entendamos qué motivos les incitan a actuar como lo hacen. Así podremos saber de dónde parten y hacia dónde se dirigen. Saber compaginar la microhistoria con la macrohistoria que los envuelve a todos es un trabajo complejo pero que Azzarello sabe llevar a cabo con una sencillez pasmosa: es una obra que se cocina a fuego lento, pero con un fuego bien calentito, sabiendo qué ingredientes está utilizando y cuál será el plato final. Poco a poco os veréis envueltos por su aroma totalmente inconfundible: casi, casi no querréis destapar el plato, pero una vez lo hayáis hecho os va a resultar imposible apartaros de él.

He dicho que es una obra lenta, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que sea aburrida: al contrario, Azzarello abre el abanico de personajes de manera escalonada, sin prisas, porque tiene muy claro qué quiere contarnos y quiere hacerlo bien. La perfección a la hora de desplegar todo el esplendor de su portentosa capacidad narrativa precisa de un mecanismo de relojería tan perfecto que no debe llevarse a cabo con prisas: lento, pero implacable, Azzarello sabe atraparnos en su oscuro mundo.

Por su parte, Eduardo Risso tiene un estilo de dibujo claro, con una paleta de colores oscuros que casa a la perfección con el estilo pulp que se percibe a lo largo de la obra: su dibujo crudo, sangriento y lleno de claroscuros casa perfectamente con la intencionalidad de Azzarello creando una simbiosis que enriquece aún más la obra y su significado.

Además, ahora ECC Ediciones nos ofrece la oportunidad de disfrutarla en una edición (que constará de cinco volúmenes) de tapa dura con los primeros 19 números, junto con bocetos de sus personajes protagonistas y la incorporación de la historia breve Winter's Edge.

100 balas es una obra inapelable, que golpea duro y directo: no ofrece salvavidas ni puertos seguros, sólo la seguridad de un naufragio en las costas más oscuras del ser humano. Pero yo no cambiaría ese naufragio por nada del mundo: Azzarello y Risso crearon algo único y esta es una oportunidad de oro para volver a su obra.


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