Normalmente antes de ponerme a escribir una reseña para el Blog de RDM, y para cualquier otro medio, me suelo leer un par de veces el cómic o novela en cuestión. El motivo es tan simple que ya os lo estaréis imaginando, una primera lectura en la que te empapas de la historia y el concepto visual de la obra y otra segunda, normalmente más lenta y jugosa, en la que sueles asentar el argumento, descubrir pequeños matices que suelen pasar inadvertidos e ir paladeando cada viñeta. Para “Las pequeñas distancias” han tenido que ser 3 veces las que he tenido que leer la obra para, como dice mi compañero David Valero, encontrar a Jesucristo entre las líneas de sus dibujos. Y es que si bien es cierto este cómic no es la “obra filosófica” que cambiará tu vida es igual de cierto que si que tiene un mensaje oculto que tras su lectura enriquecerá tu visión de la misma.

Es difícil explicar la trama de “las pequeñas distancias” sin estropear alguno de los mensajes que el lector debe descubrir por sí mismo. Es una historia que trata situaciones tan tristemente comunes hoy día como la soledad, la inseguridad, el olvido o la insignificancia del ser humano ante ese monstruo insaciable de una sociedad dispuesta a abandonar a cualquiera que no se sume a la marea de la ultima moda autoimpuesta por las redes sociales. Trata de como todos estos “problemas del primer mundo” siempre tienen su contrapartida en la amistad, la perseverancia y, como no puede ser de otro modo, el amor. Todo esto condensado en un mágico e inocente relato de apenas 150 paginas.

Pero como todo buen cómic una buena historia debe ir acompañado de un dibujo transmita de manera visual todo lo que el guión no puede expresar con palabras. El estilo de Camille Benyamina es inconfundible. Desde la primera viñeta el trabajo de Camille desprende una mezcla de cotidianidad y cuento de hadas. A veces mágico, a veces dolorosamente real, refleja con ternura situaciones cotidianas de los protagonistas en la bulliciosa París. Ira, sexo, risa, melancolía todo tratado con ternura y respeto. Su ritmo pausado y continuo lo marcan unas viñetas que fluyen libres como la vida misma marcando la distribución orgánica de cada pagina. El predominio de colores pasteles y anaranjados contribuye a marcar esa atmósfera real y a la vez tan irreal y que hacen que cada viñeta un autentico deleite. Todos estos rasgos nos resultaran agradablemente familiares a todos aquellos amantes del cómic franco belga que leímos esa pequeña maravilla que fue, y es, “Querida diablilla”.

Las pequeñas distancias es un ejemplo más de toda la magia que se puede encontrar dentro del cómic francobelga, un estilo, un genero único e inigualable. Porque en el cómic también tiene que haber sitio para las pequeñas historias, tiene que existir obras llenas de cariño y ternura donde no salgan hombres en mallas y la única violencia sea el portazo descuidado de una puerta. En “Las pequeñas distancias” encontrarás un guión con una maravillosa y original historia de amor, que trata al lector como un adulto y no lo engaña con artimañas. Narrado con un dibujo maravilloso que te sorprenderá a cada pagina y que encima Planeta Cómic lo trae en una estupenda edición de tapa dura y papel de gramaje generoso. Si solo pudieras comprar un cómic este mes, no lo dudes “las pequeñas distancias” es una apuesta segura.


Reseña: Las pequeñas distancias (Camille Benyamina y Véro Cazot)


Normalmente antes de ponerme a escribir una reseña para el Blog de RDM, y para cualquier otro medio, me suelo leer un par de veces el cómic o novela en cuestión. El motivo es tan simple que ya os lo estaréis imaginando, una primera lectura en la que te empapas de la historia y el concepto visual de la obra y otra segunda, normalmente más lenta y jugosa, en la que sueles asentar el argumento, descubrir pequeños matices que suelen pasar inadvertidos e ir paladeando cada viñeta. Para “Las pequeñas distancias” han tenido que ser 3 veces las que he tenido que leer la obra para, como dice mi compañero David Valero, encontrar a Jesucristo entre las líneas de sus dibujos. Y es que si bien es cierto este cómic no es la “obra filosófica” que cambiará tu vida es igual de cierto que si que tiene un mensaje oculto que tras su lectura enriquecerá tu visión de la misma.

Es difícil explicar la trama de “las pequeñas distancias” sin estropear alguno de los mensajes que el lector debe descubrir por sí mismo. Es una historia que trata situaciones tan tristemente comunes hoy día como la soledad, la inseguridad, el olvido o la insignificancia del ser humano ante ese monstruo insaciable de una sociedad dispuesta a abandonar a cualquiera que no se sume a la marea de la ultima moda autoimpuesta por las redes sociales. Trata de como todos estos “problemas del primer mundo” siempre tienen su contrapartida en la amistad, la perseverancia y, como no puede ser de otro modo, el amor. Todo esto condensado en un mágico e inocente relato de apenas 150 paginas.

Pero como todo buen cómic una buena historia debe ir acompañado de un dibujo transmita de manera visual todo lo que el guión no puede expresar con palabras. El estilo de Camille Benyamina es inconfundible. Desde la primera viñeta el trabajo de Camille desprende una mezcla de cotidianidad y cuento de hadas. A veces mágico, a veces dolorosamente real, refleja con ternura situaciones cotidianas de los protagonistas en la bulliciosa París. Ira, sexo, risa, melancolía todo tratado con ternura y respeto. Su ritmo pausado y continuo lo marcan unas viñetas que fluyen libres como la vida misma marcando la distribución orgánica de cada pagina. El predominio de colores pasteles y anaranjados contribuye a marcar esa atmósfera real y a la vez tan irreal y que hacen que cada viñeta un autentico deleite. Todos estos rasgos nos resultaran agradablemente familiares a todos aquellos amantes del cómic franco belga que leímos esa pequeña maravilla que fue, y es, “Querida diablilla”.

Las pequeñas distancias es un ejemplo más de toda la magia que se puede encontrar dentro del cómic francobelga, un estilo, un genero único e inigualable. Porque en el cómic también tiene que haber sitio para las pequeñas historias, tiene que existir obras llenas de cariño y ternura donde no salgan hombres en mallas y la única violencia sea el portazo descuidado de una puerta. En “Las pequeñas distancias” encontrarás un guión con una maravillosa y original historia de amor, que trata al lector como un adulto y no lo engaña con artimañas. Narrado con un dibujo maravilloso que te sorprenderá a cada pagina y que encima Planeta Cómic lo trae en una estupenda edición de tapa dura y papel de gramaje generoso. Si solo pudieras comprar un cómic este mes, no lo dudes “las pequeñas distancias” es una apuesta segura.


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