Lectores del Blog de Reserva de Maná, oyentes del podcast... hoy vais a tener la mala fortuna de leer una de mis reseñas. Pero para más desgracia la voy a arrancar contando un pequeño hábito que tengo, una sana costumbre.

La mayoría de fines de semana suelo salir huyendo de la civilización. Me voy a desintoxicarme de la sociedad a un pequeño retiro que tengo en una sierra del sur albaceteño, donde la cobertura es un bien escaso y la tranquilidad un recurso abundante. No todo van a ser consolas y juegos. Hace unas semanas estando paseando por un pueblo cercano, y debido a una festividad local, las calles se encontraban llenas de gente y entre la multitud se encontraban varios jóvenes haciendo juegos de cartas. Uno de ellos nos abordó mientras nos sentamos a tomar algo y tras una presentación comenzó su truco. Elegimos una carta al azar, la firmamos y la introdujo en el mazo. El joven mago mezcló la baraja sacando una carta, ante nuestra sorpresa, errónea. Pero sin perder la tranquilidad la introdujo en una funda transparente que deslizó desde el bolsillo de su chaqueta y ante nuestra atenta mirada vimos como esa carta, un 8 de corazones, se transformaba en nuestro 10 de diamantes firmado. Los cuatro miembros de mi pequeña unidad familiar quedamos maravillados ante aquel truco de magia pero con distinta percepción. Los más adultos nos mirábamos incrédulos intentando discernir, sin éxito, donde estaba el truco. Pero los dos más pequeños se miraban perplejos pues para ellos simplemente era magia. Para la pareja de infantes que no superan entre los dos los 15 años no existe truco alguno, no había que buscar explicación a lo ocurrido porque para ellos la magia simplemente existe. No hay que buscar explicación ni respuesta. La magia se encuentra aún presente en su mundo, sucede a su alrededor. En su día a día suceden cosas que no entienden y que para ellos suceden por pura magia. Para ellos, como me gusta pensar, la magia es algo cotidiano.

Llevar ese concepto, esta idea tan maravillosa, al papel es algo que en la literatura japonesa dominan de manera extraordinaria. Mezclan realidad con ficción, difuminan la línea de lo real con lo imaginario de forma sutil e imbuyen su cotidianidad con un aura de maravillosa fantasía. Son capaces de empezar una historia sobre el día a día de unos jóvenes de instituto, meter en la historia viajes temporales o seres de otra dimensión y hacerlo de manera tan sutil que el lector no se pregunte el cómo, ni el por qué. Simplemente das por hecho que ocurre, te hacen aceptar que la magia simplemente existe de una forma tan sibilina que antes de que te des cuenta ya estás inmerso y entregado a la lectura, sintiéndote durante unas maravillosas horas como un niño ante un mago.

Esto es algo que ocurre mientras lees 'Mirai mi hermana pequeña', y no es decir poca cosa. Mamoru Hosoda arranca con una pequeña historia. La de Kun, un niño pequeño, el rey de su casa, que ve cómo todo su pequeño imperio se tambalea y cae cuando un nuevo personaje aparece en su vida. Llega a casa Mirai, su nueva hermana. Kun no entiende como un ser tan pequeño, lo ha podido destronar del corazón de sus padres. Es en este momento donde todo el poder imaginativo de Hosoda se pone en marcha para contarnos el maravilloso viaje de Kun. Una aventura por el tiempo y el espacio donde conocerá a la Mirai del futuro e incluso jugará con su madre cuando no era mayor que él y cuya finalidad es enseñar al infante a sobreponerse a los celos, dejar atrás las rivalidades típicas entre hermanos y llegar a ser, en definitiva, mejor persona y hermano. Todo narrado con una sutileza y naturalidad que cuando venimos a darnos cuenta de que nos han colado un viaje temporal nos da igual por completo pues ya estamos inmersos hasta la cintura en el torrente narrativo del maestro Hosoda. Ya no nos chirría que esa joven vestida de colegiala sea la hermana de Kun que viene de un futuro, no nos interesa el cómo, ni el por qué, es pura magia y eso nos vale.

Y esto sucede en gran parte gracias a la forma de escribir de este hombre. Todo está deliciosamente descrito. Mamoru Hosada describe cada lugar de manera pausada, convirtiendo los detalles en puras sensaciones. Casi se puede sentir la brisa en el pelo, la arena del parque por donde Kun aprende a montar en bicicleta e incluso por momentos crees oír el silbido del tren E 209 que marcha perezosamente mientras va camino de Negishi, es como si ya hubieras estado allí. Y en las escenas domésticas todo funciona tan sumamente bien que se vuelve, válgame la redundancia, extrañamente familiar...como si estuvieras en casa, es casi mágico. Mirai es una fascinante montaña rusa de situaciones donde las envidias, los enojos están tan presentes como las risas y los momentos tiernos. Mamoru Hosada se marca una maravillosa oda a la familia, a la superación personal, al amor y al respeto por los demás. Es cierto que no llega a las altas cotas que en este tipo de historias dejó el maestro Taniguchi, con barrio lejano, pero es en verdad un digno sucesor de este tipo de mágicas y maravillosas fábulas.

Planeta Cómic es la editorial encargada de traernos esta novela de 224 páginas, que podéis conseguir por 18,95€ aquí.

Reseña: Mirai, mi hermana pequeña (novela)


Lectores del Blog de Reserva de Maná, oyentes del podcast... hoy vais a tener la mala fortuna de leer una de mis reseñas. Pero para más desgracia la voy a arrancar contando un pequeño hábito que tengo, una sana costumbre.

La mayoría de fines de semana suelo salir huyendo de la civilización. Me voy a desintoxicarme de la sociedad a un pequeño retiro que tengo en una sierra del sur albaceteño, donde la cobertura es un bien escaso y la tranquilidad un recurso abundante. No todo van a ser consolas y juegos. Hace unas semanas estando paseando por un pueblo cercano, y debido a una festividad local, las calles se encontraban llenas de gente y entre la multitud se encontraban varios jóvenes haciendo juegos de cartas. Uno de ellos nos abordó mientras nos sentamos a tomar algo y tras una presentación comenzó su truco. Elegimos una carta al azar, la firmamos y la introdujo en el mazo. El joven mago mezcló la baraja sacando una carta, ante nuestra sorpresa, errónea. Pero sin perder la tranquilidad la introdujo en una funda transparente que deslizó desde el bolsillo de su chaqueta y ante nuestra atenta mirada vimos como esa carta, un 8 de corazones, se transformaba en nuestro 10 de diamantes firmado. Los cuatro miembros de mi pequeña unidad familiar quedamos maravillados ante aquel truco de magia pero con distinta percepción. Los más adultos nos mirábamos incrédulos intentando discernir, sin éxito, donde estaba el truco. Pero los dos más pequeños se miraban perplejos pues para ellos simplemente era magia. Para la pareja de infantes que no superan entre los dos los 15 años no existe truco alguno, no había que buscar explicación a lo ocurrido porque para ellos la magia simplemente existe. No hay que buscar explicación ni respuesta. La magia se encuentra aún presente en su mundo, sucede a su alrededor. En su día a día suceden cosas que no entienden y que para ellos suceden por pura magia. Para ellos, como me gusta pensar, la magia es algo cotidiano.

Llevar ese concepto, esta idea tan maravillosa, al papel es algo que en la literatura japonesa dominan de manera extraordinaria. Mezclan realidad con ficción, difuminan la línea de lo real con lo imaginario de forma sutil e imbuyen su cotidianidad con un aura de maravillosa fantasía. Son capaces de empezar una historia sobre el día a día de unos jóvenes de instituto, meter en la historia viajes temporales o seres de otra dimensión y hacerlo de manera tan sutil que el lector no se pregunte el cómo, ni el por qué. Simplemente das por hecho que ocurre, te hacen aceptar que la magia simplemente existe de una forma tan sibilina que antes de que te des cuenta ya estás inmerso y entregado a la lectura, sintiéndote durante unas maravillosas horas como un niño ante un mago.

Esto es algo que ocurre mientras lees 'Mirai mi hermana pequeña', y no es decir poca cosa. Mamoru Hosoda arranca con una pequeña historia. La de Kun, un niño pequeño, el rey de su casa, que ve cómo todo su pequeño imperio se tambalea y cae cuando un nuevo personaje aparece en su vida. Llega a casa Mirai, su nueva hermana. Kun no entiende como un ser tan pequeño, lo ha podido destronar del corazón de sus padres. Es en este momento donde todo el poder imaginativo de Hosoda se pone en marcha para contarnos el maravilloso viaje de Kun. Una aventura por el tiempo y el espacio donde conocerá a la Mirai del futuro e incluso jugará con su madre cuando no era mayor que él y cuya finalidad es enseñar al infante a sobreponerse a los celos, dejar atrás las rivalidades típicas entre hermanos y llegar a ser, en definitiva, mejor persona y hermano. Todo narrado con una sutileza y naturalidad que cuando venimos a darnos cuenta de que nos han colado un viaje temporal nos da igual por completo pues ya estamos inmersos hasta la cintura en el torrente narrativo del maestro Hosoda. Ya no nos chirría que esa joven vestida de colegiala sea la hermana de Kun que viene de un futuro, no nos interesa el cómo, ni el por qué, es pura magia y eso nos vale.

Y esto sucede en gran parte gracias a la forma de escribir de este hombre. Todo está deliciosamente descrito. Mamoru Hosada describe cada lugar de manera pausada, convirtiendo los detalles en puras sensaciones. Casi se puede sentir la brisa en el pelo, la arena del parque por donde Kun aprende a montar en bicicleta e incluso por momentos crees oír el silbido del tren E 209 que marcha perezosamente mientras va camino de Negishi, es como si ya hubieras estado allí. Y en las escenas domésticas todo funciona tan sumamente bien que se vuelve, válgame la redundancia, extrañamente familiar...como si estuvieras en casa, es casi mágico. Mirai es una fascinante montaña rusa de situaciones donde las envidias, los enojos están tan presentes como las risas y los momentos tiernos. Mamoru Hosada se marca una maravillosa oda a la familia, a la superación personal, al amor y al respeto por los demás. Es cierto que no llega a las altas cotas que en este tipo de historias dejó el maestro Taniguchi, con barrio lejano, pero es en verdad un digno sucesor de este tipo de mágicas y maravillosas fábulas.

Planeta Cómic es la editorial encargada de traernos esta novela de 224 páginas, que podéis conseguir por 18,95€ aquí.

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