ECC prosigue, imparable, con la publicación de la extensa obra conjunta de los maestros mangakas Koike y Kojima. Y esto, señoras y señores, sólo pueden ser buenas noticias. Esta vez, le toca el turno a una obra amarga, pícara y divertida como pocas hemos podido ver: Llegó la primavera. Título cínico a la par que contundente pues en él se nos explican las andanzas de dos ancianos, Jirobê y Tarôbe, que tras servir toda su vida como shinobi y dôshin, respectivamente, deciden empezar a vivir la vida de manera libre y sin ataduras a ningún código ni honor. Una primavera que llega, pues, casi en el invierno de sus vidas.

Esta vez nos trasladamos a la era Tokugawa para observar, desde la distancia que nos plante el inmejorable guión de Koike, las desventuras de dos protagonistas totalmente descreídos y que se complementan a la perfección: por un lado, el antiguo shinobi Jirobê, un hombre ingenuo dedicado en cuerpo y alma a proteger a su ama. Tras fallecer esta, Jirobê se da cuenta de que ha desperdiciado toda su vida, pero ante todo lamenta una cosa: no haber yacido jamás con una mujer. Para solventar este percance, Tarôbe, tras entablar amistad con él y ofrecerle cobijo, decide recurrir a las más variadas estratagemas para ayudar a su nuevo compañero.

Entre la amargura y la ternura, la comicidad y el cinismo, en un equilibrio perfecto entre las lágrimas y las risas, Llegó la primavera se muestra como una crítica fiera a los códigos que han construido la imagen del samurai: los seres que pueblan esta narración son, ante todo, personas, más allá de su condición o estatus social. Sus páginas desprenden un humanismo valiente, sin complejos. Y lo hace a través de personajes complejos, ricos en matices: un crisol de emociones que atrae al lector y no lo deja escapar.

Y si estamos diciendo que el guion está perfectamente hilvanado, artísticamente estamos ante una obra que vuelve a ofrecernos los magníficos dibujos a los que nos tiene acostumbrados Goseki Kojima: sus composiciones desprenden fuerza y vitalidad a partes iguales. Sorprende el mimo con que compone las viñetas, cuidando los detalles y ofreciendo estampas absolutamente majestuosas. Sorprende que ante un dibujo tan serio, los rostros adquieran una expresividad tan cómica, próximo a la caricatura.

En definitiva, adentrarse en esta nueva obra de Koike y Kojima es, como siempre, una apuesta segura para aquellos que disfruten con el manga de época, con un desarrollo de personajes complejos y una ambientación cuidada al extremo. Todo aderezado, esta vez, con un humor y una ironía que casan perfectamente con el tono y el contenido de la obra. Acérquense a él porque estoy seguro de que no lo van a lamentar en absoluto.

Reseña: Llegó la primavera (Kazuo Koike y Goseki Kojima)


ECC prosigue, imparable, con la publicación de la extensa obra conjunta de los maestros mangakas Koike y Kojima. Y esto, señoras y señores, sólo pueden ser buenas noticias. Esta vez, le toca el turno a una obra amarga, pícara y divertida como pocas hemos podido ver: Llegó la primavera. Título cínico a la par que contundente pues en él se nos explican las andanzas de dos ancianos, Jirobê y Tarôbe, que tras servir toda su vida como shinobi y dôshin, respectivamente, deciden empezar a vivir la vida de manera libre y sin ataduras a ningún código ni honor. Una primavera que llega, pues, casi en el invierno de sus vidas.

Esta vez nos trasladamos a la era Tokugawa para observar, desde la distancia que nos plante el inmejorable guión de Koike, las desventuras de dos protagonistas totalmente descreídos y que se complementan a la perfección: por un lado, el antiguo shinobi Jirobê, un hombre ingenuo dedicado en cuerpo y alma a proteger a su ama. Tras fallecer esta, Jirobê se da cuenta de que ha desperdiciado toda su vida, pero ante todo lamenta una cosa: no haber yacido jamás con una mujer. Para solventar este percance, Tarôbe, tras entablar amistad con él y ofrecerle cobijo, decide recurrir a las más variadas estratagemas para ayudar a su nuevo compañero.

Entre la amargura y la ternura, la comicidad y el cinismo, en un equilibrio perfecto entre las lágrimas y las risas, Llegó la primavera se muestra como una crítica fiera a los códigos que han construido la imagen del samurai: los seres que pueblan esta narración son, ante todo, personas, más allá de su condición o estatus social. Sus páginas desprenden un humanismo valiente, sin complejos. Y lo hace a través de personajes complejos, ricos en matices: un crisol de emociones que atrae al lector y no lo deja escapar.

Y si estamos diciendo que el guion está perfectamente hilvanado, artísticamente estamos ante una obra que vuelve a ofrecernos los magníficos dibujos a los que nos tiene acostumbrados Goseki Kojima: sus composiciones desprenden fuerza y vitalidad a partes iguales. Sorprende el mimo con que compone las viñetas, cuidando los detalles y ofreciendo estampas absolutamente majestuosas. Sorprende que ante un dibujo tan serio, los rostros adquieran una expresividad tan cómica, próximo a la caricatura.

En definitiva, adentrarse en esta nueva obra de Koike y Kojima es, como siempre, una apuesta segura para aquellos que disfruten con el manga de época, con un desarrollo de personajes complejos y una ambientación cuidada al extremo. Todo aderezado, esta vez, con un humor y una ironía que casan perfectamente con el tono y el contenido de la obra. Acérquense a él porque estoy seguro de que no lo van a lamentar en absoluto.

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