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Firmar un buen trabajo a la hora de crear un cómic sobre el Universo Expandido de Star Wars no es nada fácil. Si encima la tarea consiste en plasmar en papel las peripecias de un personaje tan reconocible como Lando Calrissian la cosa se pone más cuesta arriba. Pero el trío formado por Charles Soule, Alex Maleev y Paul Mounts han logrado con creces el objetivo con Lando, un serial publicado en grapa allá por 2015 y recogido ahora en un tomo recopilatorio en formato tapa dura que recompensará tanto a los fans de la trilogía original como a la nueva legión de seguidores que ha surgido a raíz de la era Disney.

Teníamos muchas ganas de tener entre manos este Lando, no solo por calentar motores de cara a la nueva película de la franquicia Star Wars donde veremos a un joven Calrissian muy alejado del general rebelde que lideró la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte en El Retorno del Jedi. Aquí tenemos a un Lando en su faceta más canalla, viviendo la época dorada de sus tiempos de timador, antes de embarcarse en la dirección de la colonia minera de Bespin reflejada en el episodio V, la primera vez que supimos de él.

Charles Soule, encargado del guión, precisamente ha fijado el marco temporal de la historia de forma contemporánea antes de El Imperio Contraataca, mostrándonos a un timador y ladrón tratando de hacer fortuna en una galaxia gobernada por el Imperio Galáctico. A pesar de tener una extensión de 128 páginas, son más que suficientes para reflejar su cara más seductora, sinvergüenza y mostrar algún as en la manga que se guarda. A su lado tendrá a su fiel compañero Lobot, del cual conoceremos más su pasado, origen y el porqué de su curiosa fisionomía con esos implantes craneales tan característicos.

La historia nos narra el intento de Lando de saldar una deuda con un peligroso criminal, aceptando un trabajo arriesgado en el que tendrá que robar una nave de lujo imperial. Lo que no sabe es que ello entraña más peligro de lo que parece, tanto por la naturaleza de su carga como por la identidad de su dueño. El bueno de Calrissian reúne una peculiar cuadrilla de compinches escogida para acometer este robo de guante blanco, sin saber que han puesto tras su pista a una peligrosa cazarrecompensas llamada Chanath Cha con ciertas reminiscencias a Boba Fett pero que será mucho más tangible que este último. No estamos ante un argumento revolucionario y uno casi esperaría este tipo de historias al leer sobre Lando Calrissian, pero la ejecución es en todo caso coherente con el personaje a la vez que ayuda a profundizar más en su carácter y su relación con Lobot, mediante una pareja que puede recordar –quizá demasiado- a la dupla formada por Han Solo y Chewbacca.

La trama condensa en pocas páginas escenas de acción, diversión y drama en su justa medida y por si fuera poco, el trasfondo del conflicto de los Jedi y los Sith hará acto de presencia con un papel muy relevante. Y es que aunque es un cómic que no es transgresor con los personajes o el lore, sí que da varios pasos al frente en lo que suponen este tipo de productos. Aunque sea de pasada, probablemente sea la primera vez que se trata la homosexualidad de manera normalizada y abierta en este universo, algo que ayuda a la franquicia a avanzar al compás de los tiempos actuales y que continúa la línea iniciada por Disney de agitar un poco los viejos cimientos (mayor protagonismo a mujeres, más representación de minorías…).

El dibujo de Alex Maleev es correcto y mantiene su tono irregular de costumbre, algo que se ha convertido en un sello de identidad, aunque en este cómic cuenta con un aliado de lujo en el color de Paul Mounts. Y es que con el color quizás estamos ante una de las herramientas narrativas mejor utilizadas últimamente en los cómics del nuevo Universo Expandido, llevándonos de los tonos ocres y amarillos usados en escenas diurnas, a colores verdes, morados y marrones que inundan los bajos fondos, o los matices azules usados con mucho acierto en el transcurso del robo perpetrado en un astillero espacial al comienzo de la historia.

Planeta Cómic acierta una vez más apostando por dar un formato de tapa dura a este tomo recopilatorio que es la excusa perfecta para encontrarnos con nuestro timador preferido antes de volver a verlo en el mes de mayo en la gran pantalla casi tres décadas después.

Reseña: Lando (tomo recopilatorio)

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Firmar un buen trabajo a la hora de crear un cómic sobre el Universo Expandido de Star Wars no es nada fácil. Si encima la tarea consiste en plasmar en papel las peripecias de un personaje tan reconocible como Lando Calrissian la cosa se pone más cuesta arriba. Pero el trío formado por Charles Soule, Alex Maleev y Paul Mounts han logrado con creces el objetivo con Lando, un serial publicado en grapa allá por 2015 y recogido ahora en un tomo recopilatorio en formato tapa dura que recompensará tanto a los fans de la trilogía original como a la nueva legión de seguidores que ha surgido a raíz de la era Disney.

Teníamos muchas ganas de tener entre manos este Lando, no solo por calentar motores de cara a la nueva película de la franquicia Star Wars donde veremos a un joven Calrissian muy alejado del general rebelde que lideró la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte en El Retorno del Jedi. Aquí tenemos a un Lando en su faceta más canalla, viviendo la época dorada de sus tiempos de timador, antes de embarcarse en la dirección de la colonia minera de Bespin reflejada en el episodio V, la primera vez que supimos de él.

Charles Soule, encargado del guión, precisamente ha fijado el marco temporal de la historia de forma contemporánea antes de El Imperio Contraataca, mostrándonos a un timador y ladrón tratando de hacer fortuna en una galaxia gobernada por el Imperio Galáctico. A pesar de tener una extensión de 128 páginas, son más que suficientes para reflejar su cara más seductora, sinvergüenza y mostrar algún as en la manga que se guarda. A su lado tendrá a su fiel compañero Lobot, del cual conoceremos más su pasado, origen y el porqué de su curiosa fisionomía con esos implantes craneales tan característicos.

La historia nos narra el intento de Lando de saldar una deuda con un peligroso criminal, aceptando un trabajo arriesgado en el que tendrá que robar una nave de lujo imperial. Lo que no sabe es que ello entraña más peligro de lo que parece, tanto por la naturaleza de su carga como por la identidad de su dueño. El bueno de Calrissian reúne una peculiar cuadrilla de compinches escogida para acometer este robo de guante blanco, sin saber que han puesto tras su pista a una peligrosa cazarrecompensas llamada Chanath Cha con ciertas reminiscencias a Boba Fett pero que será mucho más tangible que este último. No estamos ante un argumento revolucionario y uno casi esperaría este tipo de historias al leer sobre Lando Calrissian, pero la ejecución es en todo caso coherente con el personaje a la vez que ayuda a profundizar más en su carácter y su relación con Lobot, mediante una pareja que puede recordar –quizá demasiado- a la dupla formada por Han Solo y Chewbacca.

La trama condensa en pocas páginas escenas de acción, diversión y drama en su justa medida y por si fuera poco, el trasfondo del conflicto de los Jedi y los Sith hará acto de presencia con un papel muy relevante. Y es que aunque es un cómic que no es transgresor con los personajes o el lore, sí que da varios pasos al frente en lo que suponen este tipo de productos. Aunque sea de pasada, probablemente sea la primera vez que se trata la homosexualidad de manera normalizada y abierta en este universo, algo que ayuda a la franquicia a avanzar al compás de los tiempos actuales y que continúa la línea iniciada por Disney de agitar un poco los viejos cimientos (mayor protagonismo a mujeres, más representación de minorías…).

El dibujo de Alex Maleev es correcto y mantiene su tono irregular de costumbre, algo que se ha convertido en un sello de identidad, aunque en este cómic cuenta con un aliado de lujo en el color de Paul Mounts. Y es que con el color quizás estamos ante una de las herramientas narrativas mejor utilizadas últimamente en los cómics del nuevo Universo Expandido, llevándonos de los tonos ocres y amarillos usados en escenas diurnas, a colores verdes, morados y marrones que inundan los bajos fondos, o los matices azules usados con mucho acierto en el transcurso del robo perpetrado en un astillero espacial al comienzo de la historia.

Planeta Cómic acierta una vez más apostando por dar un formato de tapa dura a este tomo recopilatorio que es la excusa perfecta para encontrarnos con nuestro timador preferido antes de volver a verlo en el mes de mayo en la gran pantalla casi tres décadas después.

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