Pongámonos en situación, porque el escenario es majestuoso. Nos encontramos en un chalé bucólico en las proximidades de Cazaux, una población rural en el sur de Francia, donde Marie y sus dos hijos están pasando los últimos días del verano antes de volver a París para comenzar el nuevo curso escolar. Todo sería absolutamente perfecto sino fuera porque Christophe, el marido de Marie, ha decidido abandonarla por otra mujer. Chauzy nos plantea un ambiente totalmente calmado y casi tedioso para romperlo con la irrupción de lo que parece ser una catástrofe natural de dimensiones desconocidas: las preocupaciones mundanas, cotidianas se desvanecen cuando la supervivencia en un ambiente apocalíptico impera.

Con El resto del mundo, Chauzy nos regala una obra cínica y dura donde los instintos primarios del ser humano se muestran en toda su plenitud una vez la fachada de raciocinio ha caído. La brutalidad de un suceso extraño que ha sumido, en un primer instante, la bella localidad de Cazaux en el más absoluto caos y horror, incomunicando a sus habitantes por completo y obligándoles a subsistir con los medios que puedan es la premisa para hablar de un ser humano corrompido y desmoronado, donde la moral y la ética quedan en un segundo plano, asediado por la necesidad de sobrevivir un día más.

Sin duda sorprende el tono adoptado por el autor, pues nos aleja de la épica propia de los relatos de supervivencia para hacernos partícipe del lento proceso de degradación que han de padecer los habitantes de ese pueblo idílico. Con un ritmo lento y pausado, que sirve perfectamente a los propósitos del autor de diseccionar una sociedad en quiebra, el autor nos permite asomarnos a la deriva de la protagonista, que deberá mantener con vida a sus hijos a cualquier precio. No cabe duda de que uno de los grandes acierto de este primer número es la evolución psicológica de Marie y el retrato que hace, a modo de diario, de la degradación de Cazaux y sus habitantes.

Siendo fiel a la estética BD, Chauzy nos presenta una obra a todo color donde contrasta de manera evidente los colores vivos y brillantes de su inicio, con la tonalidades ocres y grises a las que va derivando a lo largo del número. Una narración visual cercana a la narrativa cinematográfica, con composiciones con mucho dinamismo y algunas ilustraciones a doble página absolutamente brillantes y poderosas.

El fin del mundo ha adquirido muchos rostros y se ha representado en multitud de obras, pero si en algo destaca la aportación de Chauzy es que baja al lodo de la realidad, hace que sus personajes tengan que mancharse las manos con lodo y sangre para tener que sobrevivir. Una propuesta que se cuece a fuego lento y, ciertamente, hace uso de tópicos manidos dentro del género. También es cierto que hubiera sido interesante abrir el abanico de personajes: centrado en Marie, un personaje complejo, el resto palidecen y se muestran mucho más planos. No obstante, nos deja con ganas de ver qué se esconde más allá de este pueblo caído en desgracia, qué ha sucedido en el mundo.

Reseña: El resto del mundo (Jean-Christophe Chauzy)


Pongámonos en situación, porque el escenario es majestuoso. Nos encontramos en un chalé bucólico en las proximidades de Cazaux, una población rural en el sur de Francia, donde Marie y sus dos hijos están pasando los últimos días del verano antes de volver a París para comenzar el nuevo curso escolar. Todo sería absolutamente perfecto sino fuera porque Christophe, el marido de Marie, ha decidido abandonarla por otra mujer. Chauzy nos plantea un ambiente totalmente calmado y casi tedioso para romperlo con la irrupción de lo que parece ser una catástrofe natural de dimensiones desconocidas: las preocupaciones mundanas, cotidianas se desvanecen cuando la supervivencia en un ambiente apocalíptico impera.

Con El resto del mundo, Chauzy nos regala una obra cínica y dura donde los instintos primarios del ser humano se muestran en toda su plenitud una vez la fachada de raciocinio ha caído. La brutalidad de un suceso extraño que ha sumido, en un primer instante, la bella localidad de Cazaux en el más absoluto caos y horror, incomunicando a sus habitantes por completo y obligándoles a subsistir con los medios que puedan es la premisa para hablar de un ser humano corrompido y desmoronado, donde la moral y la ética quedan en un segundo plano, asediado por la necesidad de sobrevivir un día más.

Sin duda sorprende el tono adoptado por el autor, pues nos aleja de la épica propia de los relatos de supervivencia para hacernos partícipe del lento proceso de degradación que han de padecer los habitantes de ese pueblo idílico. Con un ritmo lento y pausado, que sirve perfectamente a los propósitos del autor de diseccionar una sociedad en quiebra, el autor nos permite asomarnos a la deriva de la protagonista, que deberá mantener con vida a sus hijos a cualquier precio. No cabe duda de que uno de los grandes acierto de este primer número es la evolución psicológica de Marie y el retrato que hace, a modo de diario, de la degradación de Cazaux y sus habitantes.

Siendo fiel a la estética BD, Chauzy nos presenta una obra a todo color donde contrasta de manera evidente los colores vivos y brillantes de su inicio, con la tonalidades ocres y grises a las que va derivando a lo largo del número. Una narración visual cercana a la narrativa cinematográfica, con composiciones con mucho dinamismo y algunas ilustraciones a doble página absolutamente brillantes y poderosas.

El fin del mundo ha adquirido muchos rostros y se ha representado en multitud de obras, pero si en algo destaca la aportación de Chauzy es que baja al lodo de la realidad, hace que sus personajes tengan que mancharse las manos con lodo y sangre para tener que sobrevivir. Una propuesta que se cuece a fuego lento y, ciertamente, hace uso de tópicos manidos dentro del género. También es cierto que hubiera sido interesante abrir el abanico de personajes: centrado en Marie, un personaje complejo, el resto palidecen y se muestran mucho más planos. No obstante, nos deja con ganas de ver qué se esconde más allá de este pueblo caído en desgracia, qué ha sucedido en el mundo.

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