Hoy día cualquier aficionado de los tebeos que se precie de serlo sabe quiénes son y qué han hecho hasta hoy el dúo dinámico formado por Ed Brubaker y Sean Phillips. Pero allá por el 2003, 17 años antes del apocalipsis, comenzaban a colaborar por primera vez en un tebeo que mezclaba su ya característico y definitorio estilo noir con espionaje y superhéroes en la obra que hoy nos trae en una edición integral maravillosa ECC Ediciones

Os estoy hablando de, vamos a decirlo ya, esa obra maestra llamada Sleeper.

Holden Carver es un metahumano con la capacidad de devolver el daño que se le provoca, y que trabaja bajo las órdenes de Tao, el implacable líder de una organización terrorista que cada vez lleva a cabo golpes más intensos y violentos, y que últimamente está empezando a contar con otros metahumanos en sus filas. Pronto descubriremos que Carver es nada menos que un agente doble que sólo responde ante su superior directo y único conocedor de sus auténticas intenciones, John Lynch. Pero Lynch muere. Ya nadie sabe la verdad sobre Carver. Sólo queda mantener la tapadera. ¿Pero hasta cuándo? ¿Y a qué precio? 

Cuando las líneas que separan tus vidas paralelas empiezan a difuminarse todo se complica y es aquí donde Brubaker despliega su arsenal de recursos y mecanismos del género negro para regalarnos un desarrollo que nos mantiene en un contínuo cliffhanger donde tu único aliado y a la vez tu mayor enemigo eres tú mismo, mostrándonos la mente del protagonista como pocas veces hemos podido hacer en un tebeo. El pulso de Brubaker nos lleva a través de un trepidantísimo thriller que te dejará sin aliento hasta llegar al clímax de una historia donde nada ni nadie es lo que parece.

Pero es que además, el talento de Brubaker es llevado en volandas por Sean Phillips, que también saca a pasear su talento con un dibujo que roba influencias de Aparo y Buscema, y que trabaja mucho los contrastes fuertes entre luz y sombra, usando siempre negros puros en lugar de degradados. Además refuerza mucho la sensación de opresión usando muchos primeros planos muy cerrados y una curiosa composición de página que tira mucho de viñetas superpuestas, que además contrastan con los flashbacks, de trazo más limpio y tonos mucho más luminosos. Brillan con luz propia las escenas de acción, excelentemente compuestas para seguirlas sin ningún problema.

Pocas obras del noveno arte se me ocurren que a día de hoy resulten tan vigentes y disfrutables por prácticamente cualquier tipo de lector, sea cual sea su género predilecto, pero es lo que tienen las obras maestras. Y es que es Sleeper una auténtica gozada para disfrutar junto a un humeante café, sin interrupciones, para zambullirse en su trama y bucear por sus viñetas. Complejo, denso y enormemente gratificante, este tebeo es uno de esos que aguanta múltiples lecturas, y en todas ellas podremos captar nuevos elementos y matices en los personajes.

La deliciosa, DELICIOSA edición que nos trae ECC presenta más de 600 páginas que contienen los 24 números que componen las Season One y Season two, el especial titulado Coup d’Etat y mogollón de material extra escoltados por una tapa dura en papel de buen gramaje. El tomo, eso sí, es algo más pequeño de lo que suelen ser este tipo de ediciones, lo que seguramente hará zumbar el TOC de más de un coleccionista. Pero si, como yo, no os importa ese pequeño escalón en vuestra estantería, la edición integral de Sleeper es una muy buena opción para gastar vuestro dinero mensual de tebeos.


Reseña: Sleeper (Ed Brubaker y Sean Phillips)


Reconozco que soy de esos a los que les gusta que ganen los buenos casi siempre. Y digo casi porque es cierto que también se puede disfrutar de una buena historia cuando un antagonista bien desarrollado deja su sello en la trama. Siendo así una de las cosas que siempre me ha levantado más admiración en Star Wars es la interesante galería de villanos que esta franquicia ha sabido labrarse. Y por ello el tomo Villanos que ahora edita Planeta Cómic es un gran ejemplo de lo bueno que pueden ofrecer esta pléyade de personajes. 

Hay que empezar destacando que este compendio de historias está enmarcado bajo el sello Era de la República, una nueva nomenclatura con la que Star Wars quiere poner en orden su cronología de productos enfocándonos aquí en toda la trama que va desde el episodio I al final del Episodio III, incluyendo como no a Las Guerras Clon. Este sobrenombre busca diferenciar los cómics y libros de otras épocas como la Antigua República o bien la nueva Alta República ambientada un par de siglos antes de La Amenaza Fantasma.

En este tomo tendremos como únicos protagonistas a los grandes villanos (Darth Sidious excluido) que nos ha dado la Era de la República. Por ello seremos testigos de arcos argumentales de Darth Maul, Jango Fett, el Conde Dooku y el General Grievous. Por si nos sabe a poco, se incluye también el primer especial con Asajj Ventress, la discípula de Dooku como eje principal.

En el guión tendremos a la autora Jody Houser encargada de aportarnos nuevos datos sobre estos grandes villanos, y en el dibujo tenemos a un Luke Ross repitiendo el tándem formado para Thrawn. El formato lo cierto es que es perfecto para degustar un picoteo de cada personaje y ofrecernos algunas escenas interesantes para cada uno de ellos.

De este modo tendremos a Darth Maul envuelto en cazas furtivas para saciar su sed de violencia mientras perfila su entrenamiento en el lado oscuro en Malachor junto a su maestro en el mal antes de revelarse a los jedis. El guión le dará un toque más cercano rompiendo el halo de misterio del personaje cinematográfico y acercándolo más a la versión que vimos en series de animación, novelas y cómics.

Jango Fett comparte cartel en su historia con su hijo Boba, ya que ambos se verán envueltos en una misión junto a otros cazarrecompensas con el objetivo del inicio del adiestramiento del clon inalterado por parte de Jango. Por si fuera poco tendremos un momento con Dooku en las Lunas de Bogden donde se nos contó que fue reclutado para ser el germen del ejército clon.

En la historia del Conde Dooku veremos al jedi caído intentando llevar a cabo los designios de Palpatine en el planeta Sullust donde tendrá un encuentro con un caballero jedi que le traerá a la menta los tiempos en los que entrenaba bajo el abrigo de la Orden junto a Yoda. Como no podía ser menos veremos a este gran villano utilizar tanto su astucia de estratega como su dominio del lado oscuro para salir victorioso.

La historia del General Grievous por otra parte es más ligera, con muy poca trama, más allá de ponernos tras la pista de un templo jedi donde el género de aventuras a lo Indiana Jones está muy presente. Pero tranquilos, tenemos al comienzo una dosis de combate con espadas láser contra los jedis por lo que el líder del ejército droide sabrá sacar a relucir su pericia en el combate.

En todos ellos el dibujo de Ross sabe centrar en el villano protagonista la fuerza de los lápices, destacando los trazos de Dooku y Grievous, sobre todo pero también tenemos personajes secundarios con un gran nivel de detalle que suben el listón del cómic. Hay algunas historias como la de Maul en la que se abusa un poco del viñeteo en las páginas con demasiada presencia del negro, algo que podría haberse paliado un poco pero que no desluce el conjunto final.

Hemos hablado al principio de como Asajj Ventress hace acto de presencia en el especial, una historia que destaca mucho más por el dibujo que por la trama, ya que es únicamente una escaramuza en los bajos fondos de Coruscant. Sin embargo el dibujo de Asajj es delicioso y se agradecen mucho los encuadres donde tenemos a Asajj abarcando casi toda la página y luciendo tanto en su propia piel como en los escenarios el gran uso del color que se lleva a cabo.

A modo de guinda tenemos por un lado unos artículos sobre cada personaje al acabar cada una de sus historias y se cierra el volumen con un avance de la némesis de este tomo, el de Héroes enmarcado en el mismo periodo y con Qui-Gonn, Obi Wan, Anakin y Padme como protagonistas.


Reseña: Star Wars Era de la República: Villanos (Jody Houser y Luke Ross)


Brian Azzarello es un narrador portentoso. No lo digo sólo porque sepa crear una narración tan compleja como rica en matices, sino porque es capaz de adentrarse en la mente de sus personajes y trasladarnos a su mundo mediante una inmersión en su entorno con un ojo especialmente preparado para la disección y el análisis. 100 balas podría pasar fácilmente por un mero entretenimiento con fantásticas conspiraciones mundiales y demás cosas por el estilo, pero sabe transformarse rápidamente rápidamente en lo que toda novela negra debe aspirar a ser: una indagación sobre el lado más oscuro del ser humano. Aquel aspecto de nosotros mismos que queremos rehusar, descartar u obviar con la intención de vivir más en paz con nosotros mismos. Pero a veces es necesario abrazar firmemente ese lado oscuro para crecer y conocernos mejor. En este caso, hablamos de la venganza.

¿Qué pasaría si un buen día se acercara a vosotros un señor con un maletín que contiene una pistola y 100 balas con las que podéis actuar impunemente? Es decir, podéis matar sin recibir castigo alguna. La obra de Azzarello supone una interesantísima indagación sobre la venganza, el odio y la esperanza, aderezado, además, con una historia de conspiraciones que crece número tras número de manera casi imperceptible, pero imparable. Porque poco a pocos iremos descubriendo quién es ese misterioso Sr. Graves que nos ofrece esa posibilidad de venganza, para quién trabaja (o ha trabajado) y cómo consigue que podamos matar sin recibir castigo alguno.

Y es que 100 balas sabe ir creciendo de manera exponencial aunando estas dos vertientes comentadas: a saber, la historia centrada en la venganza personal y la historia enfocada en la conspiración. Se sabe tomar su tiempo para explicarnos las motivaciones de sus personajes, sumergirnos en sus microcosmos para que entendamos qué motivos les incitan a actuar como lo hacen. Así podremos saber de dónde parten y hacia dónde se dirigen. Saber compaginar la microhistoria con la macrohistoria que los envuelve a todos es un trabajo complejo pero que Azzarello sabe llevar a cabo con una sencillez pasmosa: es una obra que se cocina a fuego lento, pero con un fuego bien calentito, sabiendo qué ingredientes está utilizando y cuál será el plato final. Poco a poco os veréis envueltos por su aroma totalmente inconfundible: casi, casi no querréis destapar el plato, pero una vez lo hayáis hecho os va a resultar imposible apartaros de él.

He dicho que es una obra lenta, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que sea aburrida: al contrario, Azzarello abre el abanico de personajes de manera escalonada, sin prisas, porque tiene muy claro qué quiere contarnos y quiere hacerlo bien. La perfección a la hora de desplegar todo el esplendor de su portentosa capacidad narrativa precisa de un mecanismo de relojería tan perfecto que no debe llevarse a cabo con prisas: lento, pero implacable, Azzarello sabe atraparnos en su oscuro mundo.

Por su parte, Eduardo Risso tiene un estilo de dibujo claro, con una paleta de colores oscuros que casa a la perfección con el estilo pulp que se percibe a lo largo de la obra: su dibujo crudo, sangriento y lleno de claroscuros casa perfectamente con la intencionalidad de Azzarello creando una simbiosis que enriquece aún más la obra y su significado.

Además, ahora ECC Ediciones nos ofrece la oportunidad de disfrutarla en una edición (que constará de cinco volúmenes) de tapa dura con los primeros 19 números, junto con bocetos de sus personajes protagonistas y la incorporación de la historia breve Winter's Edge.

100 balas es una obra inapelable, que golpea duro y directo: no ofrece salvavidas ni puertos seguros, sólo la seguridad de un naufragio en las costas más oscuras del ser humano. Pero yo no cambiaría ese naufragio por nada del mundo: Azzarello y Risso crearon algo único y esta es una oportunidad de oro para volver a su obra.


Reseña: 100 Balas. Libro 1 (Brian Azzarello y Eduardo Risso)


¿Cuántas veces nos han narrado el fin del mundo, el Apocalipsis, la aniquilación de la humanidad? No hay duda de que es una de las narraciones que más fuertemente nos atrae: todos nos deleitamos pensando en cómo acabará todo, cómo ha imaginado tal o cual autor el fin último de la humanidad. Quizás penséis que, precisamente por esto, por esta sobreabundancia de narraciones apocalípticas, deberíamos estar ya cansados de ellas. Y posiblemente sea cierto en cuanto a historias un tanto genéricas o carentes de personalidad. Pero no es el caso de Sweet Tooth: una obra admirable y brutalmente delicada en la que no importa tanto cómo acaba el mundo ni por qué, sino cómo lo viven sus protagonistas. Porque esa es la clave de este tipo de historias: importan más las sensaciones de sus protagonistas, sus emociones a lo largo de este terrible periplo hacia el final de un mundo (o el principio de otro), que no la propia hecatombe.

Y si de algo puede presumir esta obra, y lo puede hacer de muchas cosas, es de tener una pareja protagonista absolutamente maravillosa. Por un lado, tenemos a Gus, un niño mitad humano y mitad animal; y Jepperd, un superviviente que parece decidido a sacrificarlo todo para salvar a Gus. Y es que ambos viven en un mundo asolado por el Infortunio, una extraña enfermedad que ha matado a miles de millones de seres humanos y que amenaza con extinguirlos a todos a no ser que encuentren un remedio a tiempo. La clave para ello parece estar en una nueva raza híbrida humano-animal que apareció en el mismo momento en el que se inicio el Infortunio: por supuesto, todo valdrá para encontrar el remedio y los híbridos serán víctimas de una persecución brutal.

Jeff Lemire se sirve de esta sencilla premisa para contraponer a dos personajes principales totalmente distintos: Gus es un personaje ingenuo, inocente, alejado de la realidad que le envuelve e incapaz de saber sobrevivir en un entorno hostil; Jepperd, por su parte, es un ser bestial, duro, frío, lacónico, que no duda en utilizar la violencia como medio principal para la supervivencia. La dinámica que se establecerá entre ambos es el eje fundamental y el motor principal de la narración: nos interesa más ver cómo ambas personalidades se van entremezclando y enturbiando poco a poco, que llegar a saber qué originó el Infortunio o si tendrá cura. Los diálogos entre ellos dos, las miradas, los silencios compartidos... Lemire utiliza todos los recursos para hablarnos de dos personajes condenados a entenderse, dos seres totalmente alejados que deberán encontrar un punto común para sobrevivir en un mundo que no tenemos muy claro si vale la pena salvar o condenar definitivamente.

Lemire no escatima en escenas terribles y moralmente devastadoras: el estómago del lector va a estar puesto a prueba no sólo por la crudeza y salvajismo de las mismas, sino por su ambigüedad moral. A todo ello ayuda sobremanera el estilo de dibujo del autor, con dibujos realizados a manos y con un marcado acento expresionista que sabe extraer lo mejor de sí mismo en las numerosas escenas oníricas con las que va trufando, de manera brillante, la narración. Una pesadilla que el dibujo de Lemire, y su color, ayudan a acentuar y a dar una personalidad totalmente arrebatadora. La fuerza visual y el ritmo narrativo son de una potencia abrumadora.

A todo ello ayuda la excelente edición que ha llevado a cabo ECC Ediciones: ha recopilado en dos números la totalidad de la obra. Dos números, de los cuales ahora nos llega el primero, con más de 400 páginas a todo color, con tapa dura y bocetos que completan una experiencia impresionante.

Creedme cuando os digo que estamos ante una obra personalísima, es cierto, pero que estoy seguro que encandilará a todos aquellos que se acerquen a ella: tiene uno de los mejores dúos protagonistas que he visto en años, con un dibujo excepcional y un uso del color muy destacable y, sobre todo, una gran historia que contarnos. A ello le hemos de sumar una excelente edición que cualquier amante de los cómics va a querer tener entre las manos. Sweet Tooth es una obra inconmensurablemente cruda, pero de un humanismo terriblemente hermoso. ¡Que llegue ya el segundo volumen, por favor!


Reseña: Sweet Tooth vol. 1 de 2 (Jeff Lemire)


Tener un sello propio y reconocible en el buen gusto a la hora de construir historias es algo que al joven mangaka Nagabe le persigue desde hace tiempo. Gracias a ello hemos tenido la suerte de que su editor confiara en darle carta blanca creativa para imagina un volumen tan peculiar como el que hemos devorado estos días. Hablamos de Las Bestias de Wizdoms que llega de la mano de ECC Ediciones.

El autor japonés ha demostrado en numerosas ocasiones que entreteje como nadie la vorágine de sentimientos que inflaman o acongojan nuestro corazón, envolviéndola en capas de comedia y unas deliciosas ilustraciones que tienen a animales y bestias como piedra filosofal. Mangas como La pequeña forastera, El jefe es una onee o Nivawa y Saitô son buenos ejemplos de esto.

Pero Nagabe ha querido hacer una obra con una mayor libertad creativa en Las Bestias de Wizdoms, ofreciendo un compendio de historias con el amor y las relaciones como denominadores comunes a todas ellas. Cada uno de estos ocho pasajes serán independientes entre sí, con una pareja de personajes protagonistas distinta, pero que a su vez comparten un mismo enclave: la escuela de magia Wizdoms. Además, esta vez ha querido explorar esa parte animal insertando en la historia características propias de cada especie como el gran olfato del oso o el problema para regular la temperatura corporal en los lagartos, que directamente se convierte en el motor de la historia entre los personajes Marley y Colette.

Una de los aspectos clave en este libro es que no se va a perder tiempo innecesario en ponernos en estéril contexto acerca del mundo al que viajaremos, tan solo en un breve preludio de un par de páginas se nos explica que un mago Wizdom concedió una forma humana a una serie de bestias que en su afán de conocimiento construyeron esta escuela al estilo Hogwarts, pero pobladas por toda clase de animales y bestias (alguna mitológica incluso) y donde prácticamente no hay presencia de seres humanos.

Centrándonos en un primer lugar en el guión del manga, debemos aplaudir como Nagabe ha sabido construir delicadamente cada historia como un fiel reflejo de algunos de los tipos de relaciones sentimentales más comunes que podemos experimentar nosotros mismos. Alguna de ellas, como la que viven el lobo Florio y el cabritillo Nicol, tendrá una doble lectura en la que observaremos como los celos hacen acto de presencia en su parte final. Aunque si hablamos de celos, la que viven las aves Doug y Huey nos mostrará incluso el temor de un amigo a declararse a otro por miedo al rechazo y como ese miedo provoca una espiral de autodestrucción de la propia relación boicoteando el cortejo de un pavo real a las chicas de la escuela. Otras tramas tendrán momentos de ternura como la vista entre un oso y el único humano que veremos aquí, ya que esta pareja compartirá un periodo de vacaciones donde buscando el refugio en el otro compartirán temores y miedos.

Contemplar la historia de dos adolescentes que entre juegos descubren la sensación de un primer beso y el torbellino hormonal que se desencadena con ello nos puede recordar a ese descubrimiento que hacemos todos. Otras historias nos ponen ante una relación más perturbadora entre alumno y profesor donde la ingenuidad del joven puede provocar un terremoto en el alma del profesor, caracterizado muy acertadamente en un dragón de enorme sabiduría y garras afiladas.

Seremos testigos de todos estos arcos como si estuviéramos viendo cada escena a través de una ventana, en silencio para no perturbar a los observados ni delatar nuestra presencia, e incluso despertando en nosotros las ganas de gritar una advertencia a esos corazones desbocados que a pesar de autolesionarse en una relación sin futuro, no son capaces de soltar ese amor para buscar otro destino. Y todo esto es gracias también al buen hacer de Nagabe con los lápices.

Y es que el dibujo de Las Bestias de Wizdoms mantiene ese toque de fábula que estas bestias antropomórficas se encargan de impregnar a la obra. La morfología de cada una de ellas y el detalle a la hora de recrear cada uno de los rasgos característicos de estos animales continúa siendo un triunfo para Nagabe, aunque eso no quiere decir que no haya espacio para el humor a través del manido recurso del dibujo simplificado y caricaturesco que tantas otras veces hemos visto en otros mangas.

El volumen que publica ahora ECC Ediciones tiene además el mejor formato posible, con un tomo único en el que se recogen estas ocho historias para poder volver a ellas cómoda y aisladamente en el momento que queramos. Además cuenta con una bonita cubierta con las ilustraciones de los protagonistas, y un epílogo a modo de extra donde reina el humor y las anécdotas del propio autor.

Las Bestias de Wizdoms es un manga que entra tanto a primera vista como a lo largo de las relecturas que le dediquemos y sin duda es una gran puerta de entrada al mágico universo que nos propone Nagabe.


Reseña: Las bestias de Wizdoms (Nagabe)


Todo lo bueno termina, es algo inexorable. Esta es la última reseña de la tanda de cómics que he podido reseñar en este mes, y el anterior, para el mejor blog del mundo. Y como toda buena trilogía lo bueno, lo gordo, las luces brillantes y las grandes explosiones siempre llegan en la última entrega. Porque si para arrancar este trío de reseñas os propuse la primera entrega de Los Gemelos Maravilla y hace apenas unas semanas os comente que tal eso de Naomi, hoy despido mi participación comiquera periódica con  Animal Man: El Zoo Humano.

Y quien es “Animal Man” os preguntaréis muchos de vosotros, tranquilos no os sonrojéis. Es normal no saber quién es este hombre embutido en unas apretadas mallas. Buddy Baker no es un superhéroe de primera fila, ni de segunda, ni siquiera de tercera, es más bien del final de la sala… a ver, un buen símil sería como ese tipo al que ves en una boda, a todo el mundo le suena de algo su cara, pero nadie  sabe si viene de parte del novio o de la novia. Y es que este súper ha pasado bastante desapercibido durante la mayor parte de su historia comiquera, y eso que el personaje creado por Dave Wood va a cumplir ya 55 añazos.

Pero si de algo puede presumir este personaje es de contar entre sus guionistas al genial Grant Morrison y esto vendría ser extrapolado la vida pseudoreal como si pudieras decir que en su día saliste con la Sharon Stone de Desafío Total. Ahora te podrá ir mejor o peor, pero en “su día” tu ropa interior se mezcló con las de la mujer más guapa del mundo y no siempre lo hacían en el cesto de la ropa sucia… y eso es mucho decir, no todos los héroes han contado con el talento de Grant en sus series y eso hay que llevarlo con mucho orgullo. Y es que Grant Morrison en 1988 tiene la feliz idea de rescatar a Animal Man del infierno de las apariciones ocasionales y usarlo en una serie propia, la primera que tuvo este superhéroe, para contar en ella un alegato en defensa del medio ambiente, o más bien, la defensa del mundo animal.

Pero Morrison no hace un reboot, como sería lo más común tanto ahora como en aquellos días, para poder contar desde cero la historia que tiene en la cabeza para la serie. Hace algo, a mi parecer, bastante más brillante. Plantea a un Animal Man, un hombre con la capacidad de absorber de manera temporal  las cualidades de los animales que encuentra en su entorno, que cansado de ser un segundón en el mundo superheroico decide echarse a un lado y disfrutar de la vida siendo un hombre, en apariencia, normal. Una persona común, con mujer, niños, una hipoteca y un trabajo que no le gusta pero que necesita para sufragar los gastos de su día a día. Aunque en su interior algo le dice que tiene que seguir intentándolo, que debe volver perseguir su sueño de ser un héroe de primer nivel y codearse con los grandes nombres del universo DC. Es una manera extraordinaria de hacer un reboot sin romper con nada del pasado del personaje pero planteando un nuevo comienzo, simplemente  brillante. Con este punto de partida veremos cómo Baker tiene que volver a aprender a controlar y dominar sus superpoderes, el esfuerzo que conlleva conciliar sus dos identidades, el estrés que ello produce tanto en él cómo, y sobre todo, en su familia y sus primeras aventuras de este aspirante a superhéroe. Como ves en “Animal Man: el zoo humano Libro 1” vas a encontrar los tips e historias típicas de todos los cómics de origen de superhéroes, pero pasado por el tamiz y buen hacer de Morrison, que no conforme con contar una historia de origen se las arregla para meter de manera bastante sutil su buena dosis de moralina y críticas, bastante poco disimuladas, hacia la sociedad del momento en lo que se respecta al trato de los animales poniendo el foco en este primer volumen en la experimentación y maltrato brutal que se hacía en la década de los 90 con animales.

A los lápices  encontramos el tándem compuesto por Chaz Truog y Tom Grummett. Pareja que acompañará a Morrison durante toda su etapa guionizando a este superhéroe tan peculiar. Chaz y Tom tienen mucho oficio, tú dales un guión que te harán un comic impecable donde todo está bien pero donde nada destaca. A nivel de gráfico no esperéis grandes alardes, ilustraciones correctas pero sin personalidad, ritmo constante pero sin sobresaltos, narrativa visual correcta pero lineal… Son unos currantes del medio, trabajan a destajo, lo hacen bien pero les queda en exceso sin personalidad como un adosado de las afueras, muy bonito pero igual al de al lado.

Animal Man: El Zoo Humano Libro 1 es una excelente historia de un héroe, aún a día de hoy, desconocido por el gran público. Grant Morrison se curra una historia fantástica digna de cualquier gran figura del universo DC y que ECC vuelve a editar en una majestuosa edición de tapa dura del que este es el primer volumen de tres y que traerá los 26 números que componen toda la etapa que el escocés le regaló a Buddy Baker alias Animal Man.


Reseña: Animal Man El Zoo Humano Libro 1 (Grant Morrison)


Taiyô Matsumoto sabe retratar, o más bien desdibujar, la fina línea que separa la realidad de la fantasía: en esa frontera borrosa situaba una de sus mejores obras, a gusto de servidor, Go Go Monster, y en ella sigue (aunque algo más atenuada) en el manga que nos ocupa hoy, Los gatos del Louvre. En esa separación entre la realidad y el deseo, Matsumoto sabe orquestar a su alrededor una serie de personajes que siempre viven desubicados, precisamente porque no pertenecen al mundo cotidiano ni son capaces de habitar de forma permanente en el mundo irreal. Son personajes situados en un más allá, pero anclados a la cotidianeidad que nos envuelve. Una disrupción que hace aflorar la imaginación más desbordante y en la que solo un genio es capaz de sentirse como pez en el agua: y precisamente ahí es donde mejor sabe moverse Matsumoto.

Matsumoto es, para aclarar las cosas, un creador maravilloso, más preciso a la hora de recrear ambientes que personajes: y ello es así porque su eje central no está en la panoplia de personajes que habitan, por volver a él, Go Go Monster o Los gatos del Louvre; antes bien, Matsumoto centra su interés en retratar ese mundo que se nos va, que nunca está en un mismo sitio, sino que crece y se proyecta en el interior de sus personajes. Por ello, su objetivo es que logremos habitar ese mundo fantasma: y, sin duda, el Louvre es un edificio inconmensurable a la hora de hablar de mundos imaginarios que están, a su vez, anclados a un tiempo y un espacio muy concretos y reales. La aparente sencillez con la que la idea central de Los gatos.. se va desarrollando, es decir, la (in)capacidad de crear/narrar/habitar esos mundos ficticios tras los cuadros (o tras cualquier obra de la imaginación) es de una exquisitez difícilmente alcanzable.

Los gatos del Louvre presenta dos líneas argumentales que se centran en dos grupos de personajes: por un lado, Cécile es una guía del Louvre que, junto al joven Patrick y al anciano Marcel, los encargados de realizar las rondas nocturnos en el museo, van a tratar de localizar a la hermana desaparecida de éste último. La curiosidad radica en que, según Marcel, su hermana está atrapada en uno de los cuadros del Louvre. Por otro lado, los protagonistas que dan título a la obra, los gatos, viven escondidos en el museo y cuidados, únicamente, por Cécile, Patrick y Marcel: nuestros felinos protagonistas deberán mantener su existencia en secreto. Pero, desafortunadamente, uno de ellos, tiene tendencia a recorrer los amplios salones del museo, expuesto al peligro de ser localizado: además, es capaz de cruzar al otro lado de los cuadros y habitar en ellos. Sin duda, la cooperación entre estos dos grupos de personajes, incapaces de establecer comunicación alguna, será clave para poder localizar a la hermana de Marcel.

Matsumoto, con un estilo muy característico de dibujo, es capaz de imprimir al Louvre una personalidad nueva: alejado del realismo y más enfocado en representar estados emocionales, el mangaka consigue suspender al celebérrimo museo en un estado de duermevela permanente. A ello contribuye que gran parte de la historia se desarrolle en la noche, en ese momento en el que el museo se vacía y se puede respirar ese ambiente casi irreal en el que las obras, que durante el dia han sido asediadas por las hordas de visitantes, ahora se yerguen desafiando al sueño y el silencio, en un diálogo mudo pero lleno de mensajes.

Taiyô, además, toma una decisión muy inteligente: desde la perspectiva de los humanos, vemos a los gatos tal y como se ven en nuestro día a día, pero una vez nos sumergimos en la magia del Louvre, somos capaces de verlos antropomorfizados, es decir, con actitudes y ropajes humanos. Esta doble visión ahonda en ese estado irreal de los sueños, en esa ruptura de la frontera entre la realidad y la fantasía.

Sin duda, la excelente edición de ECC Ediciones, con tapa dura y a todo color, ayuda sobremanera a disfrutar de esta enorme obra: Los gatos del Louvre se lee y se disfruta mucho más gracias a haber apostado por este tipo de edición que, ciertamente, encarece el precio pero embellece aún más el producto.


Os recomiendo encarecidamente que os dejéis llevar por los pasillos del Louvre en un recorrido que os llevará a visitar mundos imaginarios solo al alcance de Matusmoto y su inconmensurable imaginación. Paseando de la mano de estos felinos protagonistas, podréis disfrutar de un viaje en el que realidad y ficción se confunden para crear un nuevo Louvre: uno al que sólo Taiyô tiene las llaves para acceder. Creedme, no so va a defraudar.


Reseña: Los gatos del Louvre, Vol.1 (Taiyô Matsumoto)