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Comenzaré esta reseña directamente quitándome la careta: soy fan de Joe Hill. Me gustan sus novelas pero, sobre todo, me apasiona Locke & Key. En la opinión de este humilde juntaletras Locke & Key, ilustrada por Gabriel Rodríguez, es una de las obras imprescindibles del cómic del siglo XXI y uno de los referentes absolutos en el género fantástico.


Lamentablemente, el polifacético autor no es que se prodigue demasiado y, aunque sigue publicando nuevos números de Locke & Key con cuentagotas, muchos de nosotros estábamos esperando con ganas su siguiente gran trabajo. Por eso, cuando a mediados de 2019 DC Comics anunció el lanzamiento del sello Hill House Comics dentro de su línea DC Black Label no pudimos más que alegrarnos. Hill House Comics, bajo la estrecha supervisión de Joe Hill, pretende convertirse en un referente en el cómic de terror contemporáneo y ha publicado ya varias series, como La familia de la casa de muñecas, En lo profundo del bosque, Daphne Byrne de manos de otros equipos creativos, así como dos series guionizadas por el propio Hill.


La primera de ellas, la serie con la que se inauguró el nuevo sello, es precisamente la que hoy nos acompaña en la reserva: Un cesto lleno de cabezas, escrita por el propio Hill con el dibujo del italiano Leomacs (Tex, Dylan Dog). La obra, nace con la intención de marcar el camino por el que se guiará el nuevo sello, buscando reinventar el género de terror para los lectores del siglo XXI. Y, ya desde este mismo momento, debo decir que si este es el camino… bienvenidos sean todos los demás títulos que vayan llegando.


Si de algo tenía miedo, es que mis altas expectativas ante lo nuevo de Hill no pudiesen ser satisfechas, aunque finalmente no ha sido así. Y es que Un cesto lleno de cabezas brilla en todas y cada una de sus facetas. Como historia de género sabe construir y alimentar con maestría una tensión (que no miedo) creciente hasta el mismísimo final, y tiene su buena ración de sangre que consigue impactar sin caer en lo desagradable. Al mismo tiempo toda la obra tiene un sentido del humor, negrísimo, que en ningún momento parece forzado, rompe la atmósfera de la apacible isla de Brody o rompe el ritmo narrativo. Un ritmo demoledor que te atrapa y no te permite soltar el libro hasta haber volteado la última página.


Pero, si tuviese que definirlo con una única palabra, esta sería fresco. Un cesto lleno de cabezas es un relato ágil y muy contemporáneo, que transcurre en ese espacio en el que Hill se siente tan cómodo del realismo fantástico. De la misma forma que sucedía en otras de sus obras como Locke & Key o Cuernos, ¿qué pasaría si en un pueblecito normal, con gente normal, con sus virtudes y mezquindades, intereses y miedos… sucediese algo que cambia las reglas del juego?


Esto es precisamente lo que sucede en la encantadora isla de Brody en los apacibles años 80. Con el verano a punto de terminar, la joven June llega a la isla con la intención de reencontrarse con su novio en su último día de trabajo veraniego como ayudante de la afable policía local. Un fin de semana en pareja con alcohol, hierba y mucho sexo: el plan perfecto en un entorno idílico… ¿qué podría salir mal?


Como no podía suceder de otro modo, TODO es susceptible de salir mal. Coincidiendo con una tormenta que deja incomunicada a la isla, cuatro peligrosos convictos fugados de la prisión secuestrarán a su novio y obligarán a June a luchar por su vida mientras trata de rescatarlo… con la única ayuda de una vieja hacha vikinga que caerá en sus manos. Y aquí viene la vuelta de tuerca, ¿qué sucede cuando ese hacha tiene el poder de que las cabezas decapitadas con ella sigan vivas y sorprendentemente parlanchinas? Un cesto lleno de cabezas se desarrolla como un thriller sobrenatural en el que descubriremos que absolutamente nada es lo que parece, acompañado de unos diálogos absolutamente deliciosos.


En el apartado gráfico, el artista italiano Leomacs capta perfectamente las necesidades narrativas de la obra y sabe plasmarlas adecuadamente en el papel. Así, mientras mantiene el tono oscuro y lleno de suspense, aporta cierta energía anárquica y subversiva a cada viñeta hasta rozar lo grotesco. Destaca especialmente el trabajo realizado en la expresividad facial de los distintos personajes… especialmente necesaria en aquellos que están en cesto.


La cuidada edición que nos trae ECC contiene los siete números en los que se publicó originalmente la serie en un único volumen en tapa dura de 184 páginas, así como una serie de portadas alternativas, bocetos, diseños de personajes y unas pequeñas entrevistas con los autores. La única pega que podemos ponerle es que no incluye las historias cortas de Sea Dogs que acompañaban a todas las series de Hill House en su edición original americana, aunque ECC ya ha indicado que esto se debe a su intención de publicarlas todas en un único tomo.


Un cesto lleno de cabezas es una lectura imprescindible para cualquier aficionado al género del terror sobrenatural, pero también una dulce promesa de todo lo que Hill House Comics nos debería ir trayendo en próximas fechas de la mano de ECC. Un conjunto de títulos que deberían ir llegando en los próximos meses y que, de momento, no ha podido empezar con mejor pie. Y es que, si antes de leerlo ya era fan de Joe Hill, ahora todavía lo soy más.




Reseña: Un cesto lleno de cabezas (Joe Hill y Leomacs)

 


Cuando hablamos de una figura tan representativa en el mundo del cómic como es Steve Ditko la primera asociación que todos hacemos es, sin duda, la de Spider-Man. El genio neoyorkino pasará a la historia por haber creado una de las figuras más icónicas de la historia del noveno arte y, por qué no decirlo, una de las franquicias más valiosas y rentables de la historia.

 

Pero el trepamuros no fue su única creación. Antes de su turbulenta salida de Marvel todavía tuvo tiempo de dibujar a algunos de los héroes más importantes de la editorial, como Iron Man o Hulk, y de crear a otros conocidos personajes como el Doctor Extraño. Sin embargo, todos sabemos que hay vida más allá de la Casa de las Ideas, de manera que su salida de Marvel supuso el pistoletazo de salida a una exitosa carrera vinculada a Charlton Comics, donde creó otro buen puñado de carismáticos personajes como el segundo Escarabajo Azul, Mr. A, Halcón y Paloma, el Capitán Átomo o, The Question (La Pregunta), el protagonista de nuestra reseña de hoy.

 

Cuando desapareció a mediados de los 80, gran parte del catálogo de Charlton Comics fue adquirido por DC que incorporó a sus personajes al Universo DC aprovechando el evento de Crisis en Tierras Infinitas. Y así hasta la actualidad, donde celebramos la llegada una nueva aventura del héroe sin rostro a nuestras librerías, Question. Las Muertes de Vic Sage, la miniserie de cuatro números publicada originalmente bajo el sello DC Black Label y que ECC ha recopilado íntegramente en un único volumen.

 

El encargado de desarrollar este proyecto ha sido nada más y nada menos que el todoterreno Jeff Lemire, que ya se ha pasado unas cuantas veces por la reserva con títulos como Sweet Tooth, Batman: Asesino de Sonrisas o Trillium, y es uno de los guionistas más en forma de la actualidad. En esta ocasión lo hace completando un equipo creativo de lujo con Denys Cowan a los lápices, Bill Sienkiewicz en el entintado y Chris Sotomayor en el color.

 

A lo largo de su dilatada andadura, The Question ha sido un personaje con múltiples identidades, redefinido una y otra vez, pero siempre con una única misión: llevar la justicia y el orden a las calles de Hub City. Tal vez por eso, Lemire ha querido cimentar su obra en torno a este renacimiento constante del personaje: no importa en qué época estemos, da igual quién haya detrás de la máscara o cuál sea su nombre, hay algunas cosas que nunca van a cambiar. El mal, encarnado en un demonio de mil caras, es la constante contra la que siempre habrá que luchar. Es la razón de la existencia de The Question.

 

Una revelación en el transcurso de una investigación sobre la corrupción política en Hub City abrirá los ojos de Vic Sage y le hará comprender que esta no ha sido su primera cruzada contra el mal y le llevará a recordar otras vidas en épocas distintas y con otros nombres. Así, acompañaremos a Charles  Victor Szasz en el salvaje oeste, cuando Hub City era poco más que un proyecto de ciudad o al detective privado Charlie Sage en unos años 40 que podrían haber salido directamente de una película noir. Vidas diferentes, pero sobre todo muertes en una misma lucha, la eterna pugna entre el bien y el mal.

 

Corrupción política y policial, explotación laboral, control religioso, racismo, disturbios callejeros, desigualdad social… el verdadero enemigo de The Question no es un supervillano de opereta en mallas, sino el mal más primario encarnado en todos y cada uno de nosotros, en la propia sociedad. En este sentido, Question. Las muertes de Vic Sage es una obra tremendamente vigente, que podremos fácilmente vincular con los episodios que encontramos día sí y día también en las portadas de cualquier periódico. De hecho, y sin querer entrar en spoilers, uno de los acontecimientos más relevantes de esta obra (publicada originalmente en 2019) es tan increíblemente profético que hasta da miedo.

 

En su vertiente artística, Cowan, Sienkiewicz y Sotomayor se encargan de mostrarnos un mundo duro, crudísimo. Líneas duras y anguladas, rostros y expresiones muy marcadas, desgastadas por la miseria del mundo. Todo ello enmarcado en un mundo sucio y por momentos desdibujado, muy oscuro y pesimista, tanto que únicamente hace uso de colores cálidos para mostrar violentas explosiones que lo arrasan todo su paso. Un estilo visual duro, deprimente e impactante, que es precisamente lo que una obra como esta necesitaba.

 

La excelente edición de ECC, de 200 páginas de grueso papel negro en tapa dura, dentro de su línea DC Black Label, se presenta en el atípico formato de 216 x 278 por el que parece que Jeff Lemire está apostando últimamente a tenor de lo que ya vimos en Batman: Asesino de Sonrisas y Joker: Sonrisa Asesina. El volumen viene acompañado de una colección de bocetos y portadas alternativas, así como de unas pequeñas reseñas biográficas de los autores.




Reseña: Question. Las Muertes de Vic Sage (Lemire, Sienkiewicz, Cowan)

 


Cuando pienso en la palabra Djinn (genio), no puedo evitar que mi mente viaje directamente al mundo de las mil y una noches, donde el exotismo árabe del lejano oriente se entremezcla con el sensual erotismo de danzas embriagadoras e hipnóticas miradas desde el otro lado de un velo. Un mundo con un aura mágica y misterio en el que cualquier cosa es posible.

 

Fiel a ese espíritu, el primer integral de Djinn bebía directamente de esa imaginería ya en su ocaso y nos situaba en el corazón de un harén en la convulsa Turquía de principios del siglo XX y nos sumergía en un carrusel de belleza, aventura, decadencia y sensualidad de la mano de Jade, la Djinn, consciente del poder que le otorga su capacidad de seducción pero al mismo tiempo condenada a no conocer jamás el amor. En su aventura le acompañarán los Nelson, cuyas vidas cambiarán para siempre cuando sus destinos se cruzan con los Jade.

 

El protagonismo de toda la obra, sin embargo, está dividido en dos líneas temporales que transcurren en paralelo en las mismas ubicaciones. Por un lado iremos desvelando el destino de Jade, pero por otro seguiremos los pasos de Kim Nelson, su nieta, en una época más cercana a la actual, en un viaje de autodescubrimiento tras los pasos de su abuela en busca de su legado.

 

Este Djinn. Integral 2: Ciclo africano continúa con el esquema planteado en el volumen anterior y recoge los cinco álbumes (África, La Perla Negra, Pipiktu, Fiebres, El Rey Gorila) que forman el segundo ciclo de las aventuras de Jade y Kim. En esta ocasión, como el propio título indica, la acción se traslada de la Turquía de los últimos sultanes a una África en plena revolución anticolonialista.

 

En este sentido, el belga Jean Dufaux (Rapaces, Jessica Blandy) se muestra especialmente interesado en contextualizar los devenires de las protagonistas, que traspasan a menudo los límites de lo sobrenatural, en un marco histórico realista y fuertemente político. Si la línea de Jade en el primer ciclo se encuadraba en la encrucijada política de Turquía en la primera guerra mundial, aquí asistiremos a la revolución negra africana ante el colonialismo salvaje de las potencias europeas de la época.

 

También resulta llamativo observar cómo, en la narración paralela de Kim Nelson, pese a la revolución protagonizada por su abuela las cosas finalmente no han cambiado tanto con el transcurso de los años, y donde antes el pueblo sufría bajo el yugo colonial, ahora lo hace aterrorizado por la violencia de los caciques locales herederos de aquella revolución. La historia se repite, y las pulsiones humanas permanecen inalteradas: codicia, sed de poder, sumisión… pero sobre todo deseo. Y ahí es precisamente donde reside el poder de las Djinn.

 

La recreación de este mundo no hubiese sido posible sin el excelente trabajo de la dibujante española Ana Miralles (Eva Medusa, Wáluk), que deslumbra a todos los niveles. En una obra en la que el deseo y la sensualidad son uno de los motores narrativos, Miralles imparte toda una lección no solo de anatomía femenina, sino también de expresividad. También resulta destacable su dominio del entorno, trasladando la amplitud y el color de África a las viñetas. En este volumen el dibujo pasa con éxito de los paneles cuadrados y detallados de la sobrecargada Turquía a los paneles panorámicos y exuberantes, sobrecogedores ante la insignificancia del ser humano de esa África salvaje, misteriosa y peligrosa en la que se desarrolla la acción.

 

La edición, como ya nos tiene acostumbrados Norma Editorial, está a la altura del contenido. Nos llega presentada con formato de álbum europeo en tapa dura con y una sugerente cubierta que seguramente no dejará indiferente a nadie que tropiece con el libro en las estanterías de su librería favorita especializada. Además de los cinco álbumes antes mencionados y sus portadas originales, la edición está acompañada de una pequeña introducción a cada capítulo escrita por el propio Jean Dufaux y de una colección de ilustraciones, estudios y bocetos de Ana Miralles.

 

Si pudiésemos resumir el espíritu de esta serie en una única palabra, esta sería deseo. Deseo en la más humana de sus acepciones, pero también como ese regalo envenenado que nos conceden los Djinn cuando nos cruzamos con ellos...




Reseña: DJINN Integral 2. Ciclo africano (Jean Dufaux y Ana Miralles)


“Soy Flash. Y soy el hombre más rápido del mundo”.  Esta es la frase con la que suelen arrancar todas las aventuras del velocista escarlata. Tanto en comics, como en TV gracias al universo que se ha montado en CW, cuando leo u oigo esa frase  ya sé que me espera una aventura. No una historia típica de buenos contra malos, una aventura. No importa el guionista que coja a Flash, sus historias, sus hazañas tiene siempre ese toque especial que lo convierten en algo más que un simple “correr”, nunca mejor dicho, tras el malo. Flash es el hombre más rápido del mundo pero casualmente es un hombre que en su vida siempre llega tarde y eso es simplemente maravilloso.

En esta ocasión quien toma los mando es Gail Simone (Wonder Woman) para conducir una brillante historia donde Flash tendrá que correr más rápido que nunca para hacer frente a toda un desfile de villanos que parecen empeñados en complicar la existencia a todos los habitantes de Central City. Lo que Barry Allen (Flash) no sabe es que todos estos ataques no tiene nada de casual, hay alguien detrás organizando una de las mayores amenazas  a las que Flash se ha enfrentando jamás. Un guión más que solvente  que recure a todos los personajes conocidos de  la franquicia para contarnos una trama donde flash siempre irá un paso por detrás y nos regalará  un motón de momentos acción y aventura. Hasta este punto todo bien. Esta especie de “Liga Anti-flash”  se mantiene bastante bien sola y como digo es interesante la pega es que Gail se empeña en que estos supervillanos no tengan mucho espacio y hace que Flash se deshaga demasiado rápido, se que suena contradictorio, de ellos. Ola de Calor, Capitán Frio o Tortuga dan para mucho más que para hacer de masilla que te quitas de encima en apenas 2 páginas. Esta rapidez en querer desvelar al “Jefe Maestro” de este arco provoca que la historia acabe muy pronto, y un evento que podría durar perfectamente un año entero quede concluido en apenas 6 grapas. DC o ECC, supongo que habrá sido la primera, ha rellenado este tomo con otras pequeñas historias de Flash con un guión que, comparado con el de la primera mitad de este tomo, hace que se note bastante más flojo que no por ello peor.

En cuanto al dibujo tenemos a Clayton Henry (X-men Unlimited) que hace la dupla con la guionista en todas las grapas de las que se compone este tomo. Clayton hace en todo momento un dibujo de líneas limpias y claras. Todos los personajes están detallados en todo momento y es inevitable hacer hincapié en la forma de retratar cuando Flash hace uso de su fuerza de la velocidad. Donde, y pese a lo podría parecer, se esmera en no dibujar a un simple borrón y continuar con su línea clara y detallada. Como conclusión tenemos más de 150 páginas de un Clayton que tiene muy claro lo que quiere mostrar, y como quiere mostrarlo, en cada viñeta. Al color se encuentra Marcelo Mainolo (La Liga de la Justicia) llenando todas las páginas de colores y alegres incluso en los momentos más dramáticos, quien dijo que en DC todo tenía que ser oscuro y adulto. Su unión al trabajo de Clayton da como resultado un comic con un trabajo visual más que atractivo.

Para completar este pequeño tomo publicado por ECC se incluye, como material adicional, portadas alternativas de la serie y un pequeño epilogo de Fran San Rafael. Resumiendo un comic por el que, si eres amante del hombre más rápido del mundo, no te importará desembolsar los 21,50€ en tu librería más cercana. 




Reseña: Flash. La unión hace el fracaso

 


Nuevo tomo recopilatorio donde continuamos la historia de Caleb Dume, más conocido como Kanan Jarrus, en este  volumen titulado A Primera Sangre donde se nos vuelve a presentar un nuevo viaje por su pasado. Este cómic centrado en el último padawan, nos trae nuevas situaciones y detalles vividos por Kanan a lo largo de su aprendizaje jedi en su juventud.

Encargándose del guión tenemos a Greg Weisman, quien en estas grapas nos lleva a una doble línea temporal. Kanan se está recuperando en el presente en el planeta Kaller en un tanque de bacta, mientras sus compañeros de la Ghost sufren un asedio por parte de las tropas imperiales. Mientras nuestro jedi permanece ese tiempo inconsciente, su mente retrocede a sus años de padawan cuando cruzó su camino con la maestra Depa Billaba. En esta historia veremos como Billaba acoge a Caleb Dume como su aprendiz, y se dirigen en misión al planeta Kaller donde el joven acaba también en un tanque de bacta debido a las heridas sufridas por su temperamento impulsivo y  temerario.  En estas grapas veremos enfrentamientos espectaculares con muchísima acción de espadas láser gracias a la presencia del General Grievous como principal antagonista frente a la maestra jedi, aunque también tenemos un rival digno para el joven Caleb, quien tendrá que poner a prueba sus recién adquiridas destrezas en una confrontación real donde su vida y la de quien le rodea están en juego.

El dibujo de Pepe Larraz (quien ya destapó el tarro de las esencias en otras series como la del propio Darth Vader) vuelve a ser uno de las grandes baluartes de esta serie en los primeros números de este volumen recopilatorio, gracias a la gran maestría en sus trazos para recrear tanto escenas de acción con los mencionados duelos de sables de luz como momentos pausados donde imperan escenas más contemplativas sobre todo en el templo jedi, apoyadas por un guión de Weisman que pone todo el viento a favor para el lucimiento de nuestro protagonista.  En los capítulos finales se pone a los lápices Andrea Broccardo quien tiene un estilo menos fastuoso que el de Larraz pero que no rompe demasiado el apartado artístico del conjunto a pesar de contar también con un color mucho más plano en esta parte dedicada a un viaje de Kanan y Ezra al planeta Moraga donde se las verán con la mismísima capitana Sloane.

Kanan, el último padawan, sigue siendo una serie al alza con la que podemos zambullirnos en el pasado de uno de los jedis más anárquicos que ha dado de sí el universo Star Wars. Un personaje con muchas aristas, complejo y que sigue siendo toda una bocanada de aire fresco por su forma de entender la fuerza y su papel en el mundo.

El formato en rústica ha sido el escogido por Planeta Cómic para dar cobertura a esta serie corta con tomos como este de 144 páginas que se completa con una galería de cubiertas y unas páginas de Darth Vader y la prisión fantasma, una historia enmarcada dentro del sello leyendas que como sabemos ya no forma parte del canon oficial de esa galaxia lejana, muy lejana.




Reseña: Kanan, el último Padawn 2 - A primera sangre

 


La amenaza de un virus mortal, una carrera contrarreloj, viajes en el tiempo y vidas cruzadas. Con este cocktail tan explosivo presentó Jeff Lemire su obra Trillium, una novela gráfica que ahonda en el género de ciencia ficción para contar de manera muy personal mediante su propio guión y dibujo una historia apasionante. La editorial ECC vuelve a traernos bajo el sello DC Black Label una reedición de esta gran obra.

Jeff Lemire ha sido conocido ampliamente por su trabajo en DC con obras como Animal Man, pero ha obtenido el reconocimiento internacional ganando sendos premios Eisner con Essex County y Black Hammer. Su obra siempre está impregnada del carácter que desprende su potente narrativa y en Trillium vemos un claro ejemplo de esto.

La protagonista de este cómic es Nika, una científica humana que tiene la llave para detener La Cuña, un virus mortal que está acabando con la especie humana y que ha reducido su población total a unos pocos miles de individuos en todo el universo. Pero no está todo perdido, ya que existe una flor llamada Trillium que puede ayudar a crear una vacuna contra esta mortal amenaza. El problema es que Nika tendrá que investigar un planeta donde existe una gran concentración de estas plantas pero que a su vez está habitado por una especie alienígena con la que es difícil entenderse. Para más inri, la colonia de Nika tiene planes de  entrar por la fuerza a por la Trillium.

Hasta aquí todo parece seguir los cauces de la lógica en este tipo de historias, pero el autor canadiense sacudirá nuestra mente al meter en escena a William un soldado inglés de la década de los años 30 que investiga un templo inca en la selva y que descubrirá como su mundo y el de Nika están de algún modo enlazadas gracias a una conexión espacio-temporal. Ambos cruzarán sus vidas y tendrán que ayudarse para contener la amenaza de la Cuña y poder pensar en tener un futuro sea cual sea.

En el cómic veremos una gran variedad de viñetas que aportan mucha frescura gracias a la excelente maquetación, mención especial a un capítulo en el que debemos leer la mitad superior de cada hoja para llegado al final, girar 180 grados el volumen y leer una historia paralela de manera inversa. Esto no es una floritura de cara a la galería, si no que tiene su por qué dentro de la historia en la que una astronauta del año 4000 y un soldado de principios del siglo XX deben intentar entenderse incluso viviendo una vida que no es suya.

El dibujo de Lemire tiene esos trazos descuidados que en escenas amplias sacrifican el detallado pero por el contrario maneja a la perfección la visión especial de cada pasaje y creedme si os digo que en este cómic os vais a cansar de ver composiciones de viñetas muy originales y unas splash page de muchísimo impacto. El autor se apoya en las tintas del colorista español José Villarrubia para darle el broche a esta obra que sin pasar a la liga de grandes clásicos.

Como añadidos finales tenemos una galería de bocetos, conceptos de personaje y una leyenda del alfabeto atabithiano, la especie alienígena cuyos diálogos ininteligibles están creados mediantes símbolos. Son 208 páginas en formato tapa dura en una cuidada edición que puede ser vuestra por 22,50 euros.




Reseña: Trillium (Jeff Lemire)

 


         No es ningún misterio que en esta casa se disfruta y se respeta el trabajo de Robert Kirkman. Nuestro guionista barbudo preferido ha escrito algunos de los tebeos más importantes de las últimas décadas, empezando por el auténtico fenómeno en el que se ha convertido The Walking Dead y terminando por Invencible, uno de los mejores tebeos de superhéroes que se pueden leer actualmente y que acaba de estrenar una versión animada en Amazon Prime.

 

         Es por eso que siempre que una nueva obra de Kirkman se lanza en nuestro país, el que aquí os escribe corre raudo a degustarlo. Y lo bueno de El Poder del Fuego es que aun siendo un cóctel de muchos de los tropos y clichés del cine de artes marciales, está mezclado y agitado con la gracia suficiente como para pasar por nuestros ojos como la cerveza fresquita.

 

         Este primer número nos cuenta la primera peripecia de Owen Johnson que buscando información sobre sus padres llega a un templo shaolín donde se practica el arte del puño ígneo. Allí aprenderá nuevas técnicas de lucha mientras intenta dominar una  técnica que nadie ha podido aprender desde hace mil años y que en un futuro resultará vital para salvar el mundo. Todo esto con las típicas dinámicas de entrenamiento, interés amoroso, rival y villano. Nada, ya digo, que no hayamos visto en multitud de ocasiones en otros tebeos, películas o videojuegos.

 

         Afortunadamente, para acompañar a esta típica historia tenemos el dibujo de Chris Samnee, cuyo dibujo, sencillo pero enormemente expresivo, le sienta como un guante. Multitud de distribuciones de página distintas que consiguen que toda la narrativa fluya  de forma muy agradable y con un sombreado que le confiere una identidad propia muy particular y que pese a tener escenas muy espectaculares de combate no deja de tener ese aire más cercano a una serie de anime que a otra cosa.

 

         A este precioso aspecto visual contribuye además el coloreado de Matt Wilson, que otorga profundidad y mucha vida a todo el tebeo. Llama mucho la atención que incluso la última parte del tebeo tiene el contorno de las páginas de color negro, siendo la parte más oscura de la historia, tanto literal como físicamente.

 

         Así pues, este primer volumen de El Poder del Fuego hace las veces de prólogo (de hecho este volumen 1 lleva “Preludio” por título) a una historia que se prevé bastante más grandilocuente y enrevesada, pero que funciona por sí misma. Tiene la entidad propia y cierra la mayoría de sus tramas, aunque deja algunos hilos abiertos de cara  a próximas iteraciones.

 

         Como ya he dicho, El Poder del Fuego es un tebeo que tirando de tropos construye un relato de artes marciales muy disfrutable pese a su falta de originalidad, que seguramente gustará a los amantes del género, y que además puede servir como entrada para los poco iniciados. Y viniendo de quien viene, podemos esperar grandes cosas.




 

Reseña: El Poder del Fuego (Robert Kirkman y Chris Samnee)